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Tras el ataque yihadista en Marsella a un maestro judío que portaba una kipá [solideo judío], Zvi Ammar –presidente de la comunidad judía de la ciudad–aconsejaba a los judíos franceses que dejen la kipá en casa. En mi opinión, ha llegado el momento de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel ayude a los judíos franceses a salir de Francia. Antes de que sea demasiado tarde.

Han sido numerosas las críticas que el Sr. Ammar ha recibido a raíz de su recomendación de quitarse la kipá “hasta que lleguen tiempos mejores”. Así lorecoge el European Jewish Press. Haim Korsia, Gran Rabino de Francia, ha dicho que los judíos deben seguir usando sus kipot en público para crear un “frente unido”. “¡No vamos a ceder!”, ha afirmado. “Seguiremos llevando la kipá”.

Asimismo, Joel Mergui, presidente del Consistorio de Francia –organización que aglutina y administra las congregaciones judías– declaró: “¡Dejen en paz mikipá! Él [Ammar] sabe tan bien como yo que llevar o dejar de llevar una kipá no solucionará el problema del terrorismo”. Por último, Roger Cukierman, presidente del Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia (CRIF), expresó su acuerdo con Mergui afirmando que eso “transmite una impresión de actitud derrotista, de darse por vencido”.

Por desgracia yo tengo que dar la razón al Sr. Ammar. Efectivamente, los judíos de Marsella deben esconder sus kipot, que no sean visibles; porque proteger la propia vida prevalece por encima de la Torá, y la comunidad judía de Francia se encuentra en grave peligro. Las publicaciones en los medios de comunicación ni siquiera han intentado reflejar lo que realmente está sucediendo. Los judíos franceses, y en general todos los judíos de Europa, han estado sufriendo diferentes niveles de hostilidad en su día a día durante mucho tiempo. Muchos de ellos ya se han quitado la kipá, ya han escondido sus colgantes con la Estrella de David y han retirado las mezuzot [fragmentos entubados de la Torá (Antiguo Testamento)] de las jambas de sus puertas. Incluso evitan visitar lugares relacionados con los judíos. Y lo que es peor aún: según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), sorprendentemente, el 77% [de los judíos] ni siquiera se molesta en denunciar abuso o acoso.

La situación en Europa se ha ido intensificando a lo largo de los años, pero hay algo que cada vez está más claro: tras los ataques de terrorismo islamista y las recientes oleadas de inmigración musulmana en Europa, los judíos allí no tienen ningún futuro. En una conversación televisada que mantuve en 2013 con el fallecido profesor Robert S. Wistrich –entonces jefe del Centro Internacional Vidal Sassoon para el estudio del antisemitismo de la Universidad Hebrea de Jerusalén– él afirmó que, tal como estaban las cosas en la actualidad, la presencia judía en Europa se mantendría solo durante 10 ó 20 años más.

El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí está solicitando a los gobiernos europeos que aumenten la protección a las comunidades judías. Pero esto no es suficiente y llega demasiado tarde. Actualmente, si los judíos de Europa quieren mantenerse a salvo solo tienen dos opciones: convertirse al Islam o marcharse para salvar sus vidas.

Los judíos de Francia deben abandonar su país antes de que la historia vuelva a repetirse. Y puedo entender su angustia, porque yo mismo experimenté las dificultades de hacer Aliá [proceso de inmigración a Israel]. No es fácil dejar atrás el país en que uno ha crecido, el país que uno ama y considera su hogar. Esto es particularmente cierto en el caso de Francia: su legado de igualdad, justicia y la separación entre el estado y la religión allanó el camino al resto del mundo. Sin embargo, no veo otra opción.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel debe enviar delegaciones para facilitar a la comunidad judía de Francia su integración en Israel. Debe abrir escuelas de hebreo y ayudar a los judíos franceses a encontrar un empleo digno en el mercado laboral israelí.

Por último, me dirijo a todos los representantes judíos en Europa que tratan de convencer a la comunidad judía para que se queden en Francia y hacer ostentación de su judaísmo: recuerden lo que sucedió hace 70 años. También entonces los líderes de las comunidades judías recomendaron a su pueblo que se quedara: les dijeron que no sufrirían ningún daño en Europa. Se negaron a aceptar la realidad y el resultado de ello está escrito con sangre en la historia de nuestro pueblo. La única diferencia entre aquel entonces y el momento presente es que ahora tenemos un estado judío.

Fuente: Michael Laitman

Profesor de ontología, Doctor en filosofía y cabalá y Licenciado en biocibernética médica. Fundador y presidente del instituto ARI. Imparte diariamente lecciones de Cabalá a una audiencia aproximada de 2 millones de personas de todo el mundo, con traducción simultánea a distintos idiomas, entre ellos: inglés, alemán, italiano, ruso, francés, turco y castellano. Al día de hoy se han publicado más de 40 libros, traducidos a 35 idiomas. Entre sus obras se encuentran: “Como un manojo de cañas”, “La guía para el nuevo mundo” y “La psicología de la sociedad integral” entre muchos más.

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