Número en el brazo del sobreviviente del Holocausto (Shutterstock) (Shutterstock)

Enlace Judío – ¿Qué sería del hombre si no recordará?, ¿si le quitáramos toda posibilidad a generar un tipo de memoria, trayecto o incluso aprendizaje transgeneracional? Estaría condenado no sólo a repetir los mismos errores sino que también estaría privado del cambio; su experiencia no tendría sentido más allá de lo momentáneo. Al mismo tiempo ¿podemos decir que realmente cambiamos? Si uno se asoma un poco a la esquina del mundo encontrara que con el tiempo el ser humano sigue siendo igual de atroz que en antaño. Si replicamos las mismas condiciones sociales el hombre vuelve a recurrir a la crueldad incluso cuando no le es necesario.

Fuente: Aranza Gleason, Enlace Judío

Por eso el proceso de memoria histórica debe necesariamente ser uno de involucramiento donde la persona activamente cuestiona realidad a través del pasado y tiene una disposición abierta hacia el aprendizaje, el entendimiento, y el crecimiento a través del mismo. En unas semanas se conmemora Yom Hashoa es un día feriado que en Israel se usa para recordar el Holocausto. Es un intento de que la memoria no muera y de que las voces que fueron acalladas en su momento puedan comunicarnos algo hoy. Es importante estudiar y recordar el Holocausto porque sólo de esa forma es posible cambiar aquello que como humanos inmersos en una sociedad nos hace propensos a perpetuar. Las siguientes citas son tomadas de dos grandes libros que exploran a extensión el tema.

La trilogía de Auschwitz. Primo Levi
Uno de los testimonios más importantes que se han escrito sobre el Holocausto es La trilogía de Auschwitz de Primo Levi. A lo largo de tres libros desarrolla lo que fue su vivencia y teoriza sobre la importancia de testimoniar. Con su obra fue de los primeros en romper el silencio y presentar un escrito que analice desde un margen individual y general el asunto con un alto grado de profundidad. Nos habla del proceso de deshumanización que vivieron los presos, las emociones que despertaba en ellos, las respuestas individuales que tuvieron, y a través de ello cuestiona y expone el funcionamiento del totalitarismo en el hombre. Es un fiel defensor de la sacralidad de la vida humana y el respeto que le debemos a cada ser humano.

En su primer libro Si esto es un hombre precisamente se niega la pregunta del título. Es decir, la pregunta misma es incorrecta; aunque el libro nos presenta casos de situaciones que asociamos con lo humano y casos en donde vemos el extremo opuesto en donde se nos plantea lo que asociaríamos con lo no humano, lo más ajeno a la humanidad, aún así no podemos fijar la humanidad en estas cosas. La humanidad de todo hombre debe estar dada por sentado. También elimina por completo ciertos mitos que naturalmente se tienen sobre lo que fue vivir los campos o incluso cualquier tragedia humana. Nos recuerda por ejemplo que la perfección sólo existe en el relato y que nadie sobrevivió sin haber cedido dramáticamente en su moral personal. Las siguientes son tan sólo algunas citas de su obra.

“¿No harían ustedes lo mismo? Si fueran a matarte mañana con vuestro hijo, ¿no le darías de comer hoy?”

Éste es uno de los momentos más duros del libro. Levi narra la preparación que realizan los prisioneros para abordar el tren al siguiente día. La incertidumbre que las familias sienten y aún así pese a la situación el amor con el que las madres cuidan de sus hijos, sabiendo que muy probablemente este sea su último día con ellos.

“con frecuencia un pragmático [es] mucho mejor que un idealista”

Esta cita aparece en el capítulo de “La zona gris” en donde Levi describe el funcionamiento de los Sonder Kommandos y otros grupos que fueron forzados a realizar actos sumamente dolorosos durante el Holocausto. Usa este ejemplo histórico para hablar sobre cómo funcionan los sistemas totalitarios y los campos en particular. Con esta cita especialmente se refiere a la situación que ocurrió con Chaim Rumkowski que se creía “el rey del gueto de Lodz”. Era el dirigente puesto por los nazis del gueto; se encargaba de negociar con los alemanes y de asegurarse que la producción de tela fuera la que querían.

Llegó a tal nivel de disociación de la realidad que creía que su causa era noble, buscaba ser adorado por los prisioneros y pedía que se le pintaran murales en su honor. Pensó que sería salvado de los campos, sin embargo no fue así. La cita viene del momento en que Levi narra su deportación, el socio alemán de Rumkowski intentó con todas sus fuerzas que el gueto no fuera deshecho y los judíos no fueran enviados a campos de exterminio. No lo hizo por un gesto humanitario, sino porque quería seguir ganando dinero a costa de la producción. El socio era el pragmático, no le importaba el destino de nadie más que el propio; los idealistas eran los SS que querían exterminar a como diera lugar a todo judío porque creían que de esta forma mejoraban el mundo.

El pragmático puede poner la vida del otro en entre dicho por conveniencia propia y puede llegar a actos de brutalidad impensable, pero a diferencia del idealista no llegará a sacrificar la realidad por una mentira inventada; no buscará un exterminio, simplemente porque no le es conveniente. No llega al radicalismo de los SS que son capaces de poner en entredicho su propia vida por cumplir con aquello que han aceptado como dogma.

“puesto que es difícil distinguir los profetas verdaderos de los falsos, es mejor sospechar de todo profeta”

En este fragmento Levi habla de las “verdades reveladas” en comparación a las verdades que son adquiridas a través del esfuerzo y el análisis individual del entorno. Ve en el sacrificio del individuo a un colectivo como la base del funcionamiento del totalitarismo. En ideales comprados desde el deseo en vez de la observación, en el sacrificio de la razón por el sueño de otra persona.

Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Hannah Arendt
Otro libro que fue un parte aguas en el tema del Holocausto es Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal de Hannah Arendt. Son los reportajes que hizo la escritora al presenciar el juicio de Eichmann que se llevo a cabo en Jerusalén. A diferencia de lo que varios reporteros hicieron, Hannah Arendt realizo un análisis muy profundo sobre el totalitarismo y los sistemas políticos autoritarios que hasta la fecha es reconocido como uno de los mejores escritos filosóficos del tema. Expone las mecánicas bajo las cuales funcionó el sistema nazi y remarca como la banalidad estuvo en el centro de ello. Eichmann se fue a la tumba sin reconocer realmente el daño tan grave que había causado al mundo, como miles de hombres que vivieron esa época su respuesta a la injusticia fue tan desnaturalizada que se volvieron incapaces de ver la crueldad en la que estaban inmersos. La estrategia nazi consistió primordialmente en cambiar la realidad por eufemismos, en hacer que la población civil se acostumbrara y viera como natural la atrocidad.

“El problema con Eichmann era precisamente que muchos eran como él, y que los muchos no eran ni pervertidos ni sádicos, que eran, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales.”

“Que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más estragos que todos los instintos malignos juntos que, tal vez, sean inherentes al hombre, ésa era, de hecho, la lección que uno podía aprender en Jerusalén.”

La esencia del libro se encuentra en estas dos citas: en un sistema totalitario donde la población civil se hace participe de los peores crímenes que la humanidad ha visto, como lo fue el Holocausto, la maldad no surge de un deseo de sadismo sino de una falta enorme de consideración para con el prójimo; de la reproducción de la inconsciencia humana. Arendt expone la aparente normalidad de Eichmann y el contraste con la atrocidad de sus actos. Incluso al final de sus días el hombre murió sin entender a ciencia cierta de que se le acusaba, pues consideraba que había actuado correctamente, que el problema no estaba en “matar” sino que el crimen real hubiera sido “causar dolor innecesario.”

Ese uso enfermo de los eufemismos, esa manera de normalizar lo que naturalmente el hombre ve como atroz es donde radicó lo más oscuro del exterminio. Y es lo que a su vez hizo que se propagará con la fuerza que tuvo. Arendt señala que ese nivel de inconsciencia se llega por una falta de compromiso del hombre con el pensamiento; por una enorme banalidad.

“Hay más que pocos, sobre todo entre la élite cultural, que siguen lamentando públicamente que Alemania expulsara a Einstein, sin darse cuenta de que fue un crimen mucho mayor matar al pequeño Hans Cohn a la vuelta de la esquina, aunque no fuera un genio.”

Con estas actitudes que la autora señala se muestra nuevamente la profundidad de lo que destaca y lo difícil que es ver cómo la gente cae en ellas al hablar del Holocausto o dentro de su día a día sin notarlo. Creer que se puede dar más valor a la vida de un individuo que a la de otro por un merito colectivo es parte de la banalidad que Arendt señala. En el valorar más Einstein que a Hans Cohn hay más de un problema: quitarle el peso que merecen los asesinatos y atrocidades, darle valor a la vida humana basándose en algo más que la vida humana (en este caso es el éxito académico y las aportaciones científicas), pensar que una vida vale más que otra.

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