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¿Está el Líbano aprovechando la pandemia del coronavirus para perpetrar una limpieza étnica de palestinos?

Por Jaled Abu Toameh

Por medio de una directiva emitida el pasado día 1, la Seguridad General Libanesa, agencia encargada de los asuntos relacionados con la inmigración en el País del Cedro, ha prohibido hasta nueva orden el regreso de “sirvientas extranjeras” y refugiados palestinos, aun cuando las familias de estos residan en el Líbano desde hace generaciones. A ojos de los libaneses, al parecer no hay diferencias entre una “sirvienta extranjera” y un árabe palestino.

En otras palabras: un palestino nacido y criado en un país árabe es un extranjero para ese mismo país árabe.

La directiva de marras, firmada por el brigadier general Walid Oun, director de seguridad general en el Aeropuerto Internacional Rafik Hariri de Beirut, dice que las “sirvientas de compañía y las personas de ascendencia palestina” quizá no puedan tomar los vuelos de evacuación de expatriados. Estamos hablando de palestinos del Líbano que abandonaron el país en busca de un trabajo y que ahora pretenden regresar a casa.

Esta decisión libanesa, denunciada por organizaciones palestinas y de derechos humanos como “racista e inhumana”, se conoció cuando Tarek Abu Taha, un palestino con permiso libanés de viaje varado en Emiratos, dijo que, al amparo de la misma, fue vetado en un vuelo con destino Beirut. En un comentario publicado en Facebook el pasado día 3, Abu Taha, de 31 años, refirió:

Me gustaría informar a todo el mundo de lo que me ha sucedido. Me llamo Tarek Rafic Abu Taha. Nací en el Líbano, igual que mi padre. Mi abuelo llegó al Líbano cuando tenía 14 años, y se casó con una libanesa. He estudiado Ingeniería y jamás me he metido en política ni militado en ningún partido. Viajé a Dubai en busca de trabajo y me quedé allí atrapado a causa del coronavirus. Solicité poder regresar al Líbano (mi país) y mi nombre apareció en el vuelo [a Beirut]. Tras pasar el control de seguridad y pasaportes, subí al avión con ganas de poder ver a mi mujer y a mis hijos, que me están esperando. Dos oficiales de seguridad libaneses se presentaron en el avión y tomaron mi pasaporte (el permiso libanés de viaje que se da a los palestinos). Uno de ellos me preguntó por la documentación. Le dije que soy palestino-libanés. Me preguntó si mi padre y mi madre eran palestinos y le dije que sí. Entonces me dijo que me pusiera a un lado y se quedó con mi pasaporte. Cuando le pregunté si había algún problema, me dijo: este [documento] es para zuran (rufianes).

Abu Taha dijo sentirse “insultado” por las palabras denigratorias del funcionario libanés. “No he hecho nada malo a nadie”, añadió.

Finalmente se le impidió tomar el vuelo y se le obligó a abandonar el aeropuerto. “No entiendo por qué a los palestinos se les llama zuran”, recalcó.

El personal de seguridad libanés debería haber mostrado consideración para con mi situación porque resido en el Líbano. No debería haber lugar para el racismo. No comprendo su racismo. Mi hijo de tres años sigue esperándome. ¿Qué debería decirle? He sido humillado y sido juzgado por mi nacionalidad.

Un miembro de la seguridad libanesa confirmó la existencia de la directiva y añadió que a los palestinos se les ha vedado el retorno desde que el aeropuerto de Beirut dejó de operar vuelos comerciales. “Por el momento, todos los repatriados son libaneses”, explicó. “Por ahora no se permite el retorno a los no libaneses. Emitiremos nuevas circulares si las cosas cambian”.

Varias organizaciones palestinas y de derechos humanos han condenado rotundamente la directiva discriminatoria y racista emitida por las autoridades de seguridad libanesas, al tiempo que numerosos palestinos y árabes han acudido a las redes sociales para recordar que el único apartheid que existe en Oriente Medio se practica en un país árabe.

El Comité para el Diálogo Palestino-Libanés manifestó que la directiva que pone en la mira a los palestinos “viola las leyes fundamentales árabes e internacionales, así como las convenciones relativas a los refugiados palestinos y su causa”. La Asociación Palestina por los Derechos Humanos, con sede en el Líbano, informa de que también ha recibido apelaciones de palestinos varados en países árabes por causa de la crisis del coronavirus, y confirma que los palestinos no pueden regresar a sus hogares libaneses debido a la citada directiva. En cuanto al Euro-Mediterranean Human Rights Monitor, denuncia que la directiva incurre en una “flagrante discriminación racial contra los refugiados palestinos con documentos de viaje libaneses”, y que los palestinos que solicitan retornar al País del Cedro son objeto de “prácticas racistas y degradantes por parte del personal de seguridad libanés”. Asimismo, ha demandado a Beirut que “cumpla los tratados y convenciones internacionales que garantizan a los refugiados salir de y volver a sus países sin obstáculo alguno, y dé garantías de que la crisis por la pandemia del coronavirus no sea utilizada para legitimar el racismo”.

Esta medida libanesa no es ninguna sorpresa para quienes estén familiarizados con la discriminación y el apartheid que practica el País del Cedro con los palestinos. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), “los palestinos del Líbano no pueden trabajar en nada menos que 39 profesiones, ni ser propietarios [de bienes inmuebles]”. Ahora bien, la Red Solidaria con los Presos Palestinos, Samidún, reveló que en realidad los refugiados palestinos están “vedados en 72 profesiones reguladas, entre las que se cuentan la medicina, la farmacia y la pesca”.

El año pasado, decenas de miles de refugiados palestinos protestaron por las nuevas restricciones laborales que se les habían impuesto. Las manifestaciones estallaron luego de que el ministro libanés de Trabajo, Camille Abu Sleiman, declarara la guerra al “trabajo ilegal foráneo” y diera a los propietarios de negocios un año para obtener permisos laborales para cualquier trabajador no libanés que se encontrara trabajando en situación de ilegalidad.

En los últimos años han aparecido varias informaciones en los medios árabes sobre el gran número de palestinos que están abandonando el Líbano por sus políticas discriminatorias y las restricciones económicas que se les imponen.

Aún peor: un periódico libanés publicó el mes pasado una viñeta en la que se equiparaba a los palestinos con el coronavirus. La viñeta, publicada en el aniversario de la guerra civil libanesa, tenía la intención de destacar el rol desempeñado por los palestinos en el conflicto que estalló en 1975, y que se calcula se cobró 120.000 vidas. Los palestinos respondieron diciendo que no era sino otra muestra del racismo libanés para con los palestinos.

Paradójicamente, el mismo día en que las autoridades libanesas emitían su directiva, Israel y la Autoridad Palestina (AP) alcanzaban un acuerdo para reorganizar el acceso de unos 40.000 trabajadores [palestinos] a Israel. El ministro palestino de Trabajo, Nasri Abu Yeish, afirmó que entraría en vigor el pasado día 3. Ese mismo día accedieron a Israel los primeros 14.000 trabajadores, que, debido al estallido de la epidemia, permanecerán en el país durante al menos un mes.

Mientras las autoridades libanesas impiden a los palestinos regresar a sus hogares libaneses, Israel abre sus puertas a decenas de miles de trabajadores palestinos, decisión que aliviará las penurias económicas palestinas, especialmente durante la crisis del coronavirus. Y mientras los libaneses comparan a los palestinos con un peligroso virus, Israel hace todo lo que puede por asistir a los palestinos en la lucha contra la expansión de la enfermedad.

Ahora queda por ver si los grupos y personalidades propalestinos de Occidente denuncian al Líbano por su persistente discriminación racista contra los palestinos.

Si el palestino del Líbano Tarek Abu Taha residiera en Israel y las autoridades israelíes le hubieran impedido regresar a casa, los grupos y gurús propalestinos se estarían volcando en la condena a Israel. Pero para la comunidad internacional los palestinos pueden ser tachados de “rufianes” con total impunidad y ser clamorosamente discriminados… siempre que los abusos los perpetre un Estado árabe.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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