Por Alan M. Dershowitz

Desde luego, criticar políticas israelíes concretas no es antisemita. De hecho, muchos israelíes son críticos ante algunas de las políticas de su país. Pero el apoyo a Hamás sí que es antisemita, porque las políticas y acciones de Hamás se basan, en su misma raíz, en el odio a los judíos. Sin embargo, muchas personalidades, algunas de ellas por pura ignorancia, y muchas más sabiendo perfectamente lo que hacen, apoyan abiertamente al movimiento islamista palestino. Algunas incluso lo han alabado. Otras, como el filósofo italiano más famoso, Gianni Vattimo, están intentando recaudar fondos y proporcionar apoyo material a esta organización terrorista antisemita. Otras aún siguen negándose a condenarla, aunque sí que condenan a Israel en los términos más enérgicos.

Ha aquí lo que la Carta Fundacional de Hamás, que sigue siendo su principio de gobierno, dice sobre los judíos:

Los enemigos han estado urdiendo planes durante mucho tiempo. [Su] riqueza [les ha permitido] hacerse con el control de los medios de comunicación mundiales, como agencias de noticias, prensa, editoriales, emisoras, etc. [También han usado esta] riqueza para incitar revoluciones en varias partes del mundo (…) Estuvieron detrás de la Revolución Francesa y de la comunista (…) También han usado el dinero para establecer organizaciones clandestinas que se están extendiendo por todo el mundo para destruir sociedades y defender los intereses sionistas. Estas organizaciones son: los masones, los rotarios, los Lions Clubs, el B’nai B’rith, y otros semejantes. Todas ellas son organizaciones destructivas y de espionaje (…) Estuvieron tras la Primera Guerra Mundial, para borrar del mapa el Califato islámico (…) Lograron la Declaración Balfour y establecieron la Sociedad de Naciones para poder gobernar el mundo mediante ella. También estuvieron tras la Segunda Guerra Mundial (…) Inspiraron la creación de Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad para sustituir a la Sociedad de Naciones, y así poder gobernar el mundo mediante ellas. No ha habido guerra que no haya estallado en alguna parte sin que sus huellas estén en ello: (…)”.

Muchas de estas referencias a “los enemigos” anteceden a la creación de Israel. La Carta se refiere claramente a “los judíos” e invoca las habituales figuras retóricas propias del antisemitismo y del odio antijudío. De hecho, insta expresamente a asesinar a los judíos, citando fuentes islámicas para sus genocidas objetivos:

Hamás ha estado esperando hacer realidad la promesa de Alá, lleve el tiempo que lleve. El profeta, que la oración y la paz sean con él, dijo: No llagará la hora hasta que los musulmanes luchen contra los judíos; hasta que los judíos se oculten tras rocas y árboles, que gritarán: “¡Oh, musulmán! Hay un judío escondido detrás de mí; ¡ven y mátalo!”.

Esto no debería sorprender a nadie. Hamás es una filial participada al 100% por los Hermanos Musulmanes, una excrecencia del Partido Nazi alemán. La Hermandad se fundó en 1928 por Hasán al Bana, un estrecho aliado de Adolf Hitler. Trabajó mano a mano con él durante la Segunda Guerra Mundial, creando la división musulmana Handschar (“Cimitarra”) de las Waffen-SS, que cometió crímenes de guerra contra las comunidades judías. Luego ayudó a rescatar a criminales de guerra nazis tras su derrota y el descubrimiento del Holocausto.

Pero la Carta y el origen de Hamás no son mera historia pasada. Los actuales líderes de la organización invocan a menudo el “libelo de sangre”, acusado a “los judíos” de matar a niños cristianos y de usar su sangre para preparar matzos. Consideran que los lugares de culto judíos y sus escuelas de todo el mundo son objetivos adecuados para sus ataques terroristas.

Algunos de quienes apoyan a Hamás, como Jimmy Carter y Mary Robinson, afirman defender sus objetivos políticos, pero no sus políticas antisemitas: debemos reconocer “su legitimidad cono actores políticos”. Otros, como el ministro de Exteriores turco y los dirigentes cataríes, apoyan sus objetivos militares: apoyamos al Movimiento de Resistencia Palestino Hamás “porque abraza la causa palestina y lucha por su pueblo”. Estas distinciones no se sostienen, ya que las políticas antijudías de Hamás son fundamentales en sus acciones políticas y militares. Algunos partidarios de Hitler utilizaban ese mismo argumento, afirmando que el Partido Nazi y sus dirigentes abogaban por unas buenas actuaciones económicas, educativas y políticas. No hay nadie sensato que hoy en día acepte esa excusa, y nadie sensato debería aceptar las que presentan los partidarios de Hamás que afirman poder hilar tan fino.

Eso mismo vale para quienes afirman que Hamás es preferible al Estado Islámico o a otros grupos yihadistas que puedan sustituirlo. Hubo fascistas que utilizaron una excusa similar para defender que sus partidos eran preferibles a los comunistas. Lo cierto es que es una organización antisemita, basada en una filosofía de odio a los judíos, con el objetivo de destruir el Estado nacional del pueblo judío y de matar a sus habitantes judíos. Es el mal encarnado. No hay excusa ni justificación para apoyar a Hamás, y cualquiera que lo haga está defendiendo el antisemitismo.

Algunos partidarios de Hamás, como los que proclaman “Hamás, Hamás, judíos a la cámara de gas”, aceptan orgullosos esta realidad. Otros, como Cornel West, que, según el American Spectator “encabezó una manifestación pro-Hamás de perfil alto”, lo niegan. Pero todos son cómplices, aunque ellos mismos sean judíos o tengan amigos judíos. Apoyar a una organización que, en su misma raíz, es antijudía y cuyos estatutos instan al asesinato de todos los judíos es antisemita en la práctica, cuando no en sus intenciones. Y esos políticos, académicos, artistas y demás que apoyan a Hamás –y son muchos– deben ser señalados y criticados, como lo ha sido Roger Waters, de Pink Floyd. También deben serlo quienes, como Navi Pillay, presidenta del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, ven moralmente equivalentes a este grupo terrorista antisemita y al Estado nacional del pueblo judío. Exigió que Israel compartiera su sistema Cúpula de Hierro con Hamás, sin criticar al grupo terrorista por emplear a civiles palestinos como su propio Cúpula de Hierro.

Entre los peores de estos individuos está el obispo Desmond Tutu, que tiene un largo historial de antosemitismo. Como Carter, ha instado al reconocimiento de Hamás, a cuyos líderes compara con Nelson Mandela. Entre los supuestos mandelas de Tutu, con los cuales ha colaborado, está Ahmad Abu Halabiya, que ha dicho lo siguiente:

No tengáis piedad de los judíos, dondequiera que estén, en cualquier país. Luchad contra ellos allá donde estéis. Allí donde os los encontrçeis, matadlos (…) y a aquellos norteamericanos que son como ellos, y a quienes están de su parte.

Estoy bastante seguro de que el verdadero Nelson Mandela jamás hizo unas afirmaciones similares. Pero el obispo Tutu, que se negó a sentarse en el mismo escenario que Tony Blair, hatrabajado mano a mano con dirigentes criminales de Hamás, como Halabiya.

Jimmy Carter sostiene que Hamás es una “fuerza política” que ha tenido amplio apoyo de los palestinos. También lo tuvo el Ku Klux Klan en los años 20 en buena parte del Sur. ¿Carter también les habría otorgado legitimidad?

Puede que sea necesario negociar (directamente o a través de intermediarios) con Hamás, al igual que uno negocia con secuestradores, delincuentes con rehenes o chantajistas. Pero “reconocer” su “legitimidad”, como harían Jimmy Carter y el obispo Tutu, es reconocer la legitimidad del antisemitismo. Es posible que Carter, Tutu y otros jaleadores de Hamás estuvieran dispuestos a hacerlo, pero ninguna persona sensata que odie los prejuicios debería legitimar el antisemitismo de Hamás o su objetivo declarado de destruir a Israel y matar a sus habitantes judíos.

Gatestone Institute

Fuente: elmed.io©