Existe una teoría llamada “El efecto del mono número 100”. Esta teoría postula que un nuevo comportamiento o idea pasa del anonimato a la popularidad una vez que un número crítico de personas lo adopta. La teoría se basa en un controvertido estudio que científicos japoneses llevaron a cabo en 1952 con monos macacos en la isla de Koshima. Según el estudio, los científicos observaron cómo algunos de los monos aprendieron a lavar patatas. Poco a poco, su nuevo comportamiento se fue extendiendo por el resto de la manada a través de la observación y la repetición. No obstante, los investigadores observaron que, una vez que un número crítico de monos había adoptado el hábito –al llegar, por ejemplo, al mono número 100–, dicho comportamiento aprendido instantáneamente se propagaba a través del agua y llegaba a los monos de las islas cercanas.

Cuando hace unos 10 años comenzó el movimiento BDS (la campaña internacional de boicot, desinversiones y sanciones a Israel), nadie le prestó mucha atención. Pero las cosas empezaron a cambiar rápidamente hace unos dos años. No fue únicamente la operación “Pilar de Defensa” la que hizo que se inclinara la balanza. Algo más sustancial ocurrió, y en 2013 el movimiento BDS comenzó vertiginosamente a ganar terreno. Parecía que su popularidad había alcanzado el umbral del mono número 100. Y hoy en día, es difícil encontrar un solo campus en los EE.UU. –o en la Europa occidental– donde el movimiento BDS no tenga fuerte presencia.

Estas son las malas noticias. Aunque, en realidad, a pesar del daño causado por el BDS, todo podría haber sido mucho peor.

La buena noticia es que podemos detenerlo.

Con esto no quiero decir que podamos ganar la guerra online contra las numerosas campañas de boicot o el odio que sale a borbotones de boca de los profesores universitarios y otras figuras públicas. Tampoco seremos capaces de subsanar la doble moral con la que tan alegremente la ONU trata a Israel.

Lo cierto es que, por suerte, esto no es necesario.

Prácticamente todas las guías para lograr relaciones armoniosas aseguran que, antes de poder amar a alguien, uno tiene que aprender a amarse a sí mismo. Del mismo modo, nosotros, el pueblo judío, necesitamos primero aprender a amarnos a nosotros mismos; y después, todo lo bueno que esperamos, llegará.

En el interior de todo judío, también en los más asimilados, existe un remanente de la cualidad de Abraham, la cualidad que nos permitió unirnos como una nación: la misericordia, el amor desinteresado. Más adelante, esta cualidad quedaría formulada en el principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo”, que ha constituido la base de nuestra nación desde sus comienzos. Esta es, además, la mayor pérdida sufrida con el exilio.

Cuando entre nosotros ponemos en práctica este principio, nos convertimos en luz para las naciones. Subconscientemente, es lo que esperan de nosotros; y ponerlo en práctica es la única fuente de fortaleza que tenemos.

Cada vez que estalla una guerra con nuestros vecinos, nos unimos y ganamos. Es una indicación de que este debe ser nuestro estado permanente. Pero lo cierto es que, tan pronto como se deponen las armas, vuelve un rugido rencoroso a nuestras bocas, y el odio que las naciones sienten hacia nosotros emerge con un renovado vigor.

Si fuésemos más conscientes de que nuestra unidad interna es lo único que hace falta para sofocar el odio, no dejaríamos que se desvaneciera tan fácilmente con la primera tregua. Si probáramos y tratáramos de mantener nuestra unidad durante la paz, la guerra no volvería a estallar y el odio antisemita disminuiría hasta desaparecer.

Somos una nación valiente y resistente, pero no hay necesidad de más sufrimiento. Ya hemos sufrido bastante para entender que la unidad y amar a los demás como a uno mismo son las claves de nuestra felicidad. Pongámoslo en práctica juntos. Lo único que necesitamos es alcanzar el umbral del mono número 100.

Fuente: Michael Laitman

Profesor de ontología, Doctor en filosofía y cabalá y Licenciado en biocibernética médica. Fundador y presidente del instituto ARI. Imparte diariamente lecciones de Cabalá a una audiencia aproximada de 2 millones de personas de todo el mundo, con traducción simultánea a distintos idiomas, entre ellos: inglés, alemán, italiano, ruso, francés, turco y castellano. Al día de hoy se han publicado más de 40 libros, traducidos a 35 idiomas. Entre sus obras se encuentran: “Como un manojo de cañas”, “La guía para el nuevo mundo” y “La psicología de la sociedad integral” entre muchos más.