Carnaval belga antisemita (Twitter / Laurie Tritschler) (Twitter / Laurie Tritschler)

Carnaval es una celebración de origen pagano, atribuida a un rito relacionado con el dios Baco. Del relajo y disensión propios de las vacaciones y los asuetos, pasando por algunas apropiaciones de folklore popular, con profusión de disfraces y comparsas, se pasa muchas veces a los excesos propios del descontrol.

De alguna manera, la festividad se ha venido convirtiendo en algo muy llamativo, no sólo en Brasil. Hasta patrimonio de la humanidad han calificado a algunos carnavales. Bueno, cultura es cultura, y a veces el pluralismo peca de muy ancho.

Desde hace unos años, el carnaval de Alsot en Bélgica, se ha constituido en una vergüenza al hacer representaciones antisemitas, con los estereotipos más detestables del fenómeno que ha diezmado al pueblo judío, precisamente en la Europa de la cual Bélgica actuó como colaboracionista del régimen nazi.

Este año, en la localidad española de Campo de Criptana, una comparsa titulada Holocausto, de la asociación El Chaparral de Las Mesas, parece haber roto los registros de ofensa y mal gusto a las víctimas del Holocausto. Y también a quienes luchan por mantener la memoria real de la tragedia, para evitar la repetición a cualquier escala de estos episodios de la historia.

Pero seamos realistas. Nos acercamos con velocidad inusitada a la banalización del Holocausto, la Shoá. Y hasta a un revisionismo que lo intente minimizar, cuando no negar.

Hay varias razones para ello. La primera es que el antisemitismo y los antisemitas están activos, en muchas partes y con impunidad manifiesta. Luego, la desaparición física de los sobrevivientes de la tragedia con su carga testimonial histórica y emotiva, que reduce el impacto del acontecimiento a pocos años de haber sucedido. La superficialidad con la cual se trata la historia, y la banalización de los hechos actúan en coordinación con lo anterior. Vemos con preocupación como se hacen bromas, comparaciones fuera de lugar, parodias y cosas por el estilo, que otorgan al Holocausto un carácter menos grave de lo que fue.

El carnaval de 2020 es un abreboca de lo que puede venir. Una comparsa que pretende dar un homenaje en Carnaval, es como realizar una boda, una jornada festiva, en un cementerio. Se notan las costuras del antisemitismo, la banalización, la permisividad, el desconocimiento y el atrevimiento.

Quizás lo rescatable de todo esto es llegar a la conclusión cierta que algo ha de hacerse, porque por el camino que vamos, viene el holocausto de El Holocausto como memoria y referencia de lo que ocurrió y no debe ocurrir. Las actividades carnestolendas han propiciado lo contrario de lo que predican. No ha habido máscaras ni disfraces para ocultar intenciones, percepciones ni actuaciones. Al contrario. Las comparsas, máscaras y disfraces, han señalado la sinceridad de quienes enarbolan con firmeza la bandera del racismo y el antisemitismo.

Bajo el aparente relajado ambiente festivo, se ha ofendido y se ha maltratado. Las comparsas del diablo que banalizan y agreden, cuentan con el apoyo, complicidad y silencio de autoridades, público, formadores de opinión. En un mundo de comunicaciones en tiempo real, ello preocupa mucho. Tanto el mundo real como el virtual, guardan una pasividad que aterra.

Sí, en Carnaval muchos se despojan de su disfraz. Enseñan su verdadera faz, aquella que pretende el holocausto de El Holocausto.

Aún así, a nosotros nos queda cumplir con nuestra misión: No Olvidar y Nunca Jamás.

Por Elías Farache S.

eliasfaraches@gmail.com

Donate to Israel