The IAF at the Red Flag games.(TSGT Kevin J. Gruenwald/USAF) (TSGT Kevin J. Gruenwald/USAF)

En su visita a Gran Bretaña, donde se reunió con la Primer Ministro, así como con Boris Johnson, el líder conservador al que prefiere como sucesor de Theresa May, el Presidente Donald Trump los exhortó a abandonar -al igual que Washington- el acuerdo nuclear con la “República Islámica”.

Por: Eduardo Zalovich, Aurora

Desde su asunción, la relación americana-iraní se ha ido tensando peligrosamente, hasta la actual crisis, donde cualquier incidente provocaría una guerra desbastadora. Esta realidad, sin embargo, no puede achacarse al polémico “inquilino de la Casa Blanca”, sino más bien a la política exterior iraní y al débil acuerdo firmado entre las potencias mundiales y el régimen persa, a impulsos de Barack Obama y John Kerry. Con el endurecimiento de las sanciones económicas y el despliegue de buques de guerra, la tensión está en su apogeo.

La crisis se debe fundamentalmente al programa nuclear iraní. Los servicios de inteligencia occidentales concluyeron hace tiempo que Teherán está usándolo como excusa para fabricar armas nucleares. Irán rechaza las acusaciones y define como “pacífico” su proyecto. Sin embargo, financia grupos terroristas, intenta desestabilizar naciones vecinas y amenaza atacar Israel, pese a no tener fronteras en común. Todos elementos que no hacen nada confiable a la dictadura teocrática de los ayatollás. Alí Jamenei, su líder supremo, afirmó que interrumpirá el suministro de petróleo si continúan las sanciones económicas.

La administración americana define a Irán como “el estado terrorista número uno”, según afirmó Trump. Pese a lo cual ha eludido responder si existe ya la decisión de atacar. “Teherán no nos respeta, y entrega a organizaciones criminales dinero y armas”. La Casa Blanca ha respondido afirmativamente a la pregunta de si considera que las sanciones pueden cambiar el rumbo: “Sí, y es solo el comienzo”.

Por primera vez en su historia, Washington definió como organización terrorista a una milicia de carácter oficial. Se trata de la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI), una poderosa fuerza de élite, acusada de planificar atentados en Europa, Asia y América Latina. Asimismo impuso nuevas sanciones, debido al avance del programa de misiles balísticos. El Secretario de Defensa, James Mattis, afirmó en Tokio que la República Islámica es el mayor patrocinador mundial del terror. Dada esta situación, ¿cuál es la correlación de fuerzas y que tipo de estado es Irán hoy en día?

Potencia regional, gobierno teocrático
Con 1.650.000 km² y 83 millones de habitantes, Irán es un estado de significativa importancia en la geopolítica regional. Una nación con grandes reservas de hidrocarburos (petróleo y gas), que la proyectan como una potencia energética y le reportan enormes ingresos.

Desde 1979, tras la revolución que llevó al poder al Ayatolá Jomeini, el sistema político está basado en la Constitución Islámica, que regula el funcionamiento del gobierno. La máxima autoridad es el Líder Supremo, aunque la dirección administrativa está a cargo de un Presidente. La religión y la lengua oficiales del país son, respectivamente, el islam chií y el persa. En 1988, el régimen ejecutó a miles de opositores políticos y militantes del Tudeh (Partido Comunista). Amnistía Internacional documentó la ejecución de 4.482 prisioneros, mientras la oposición denunció 30.000.

El líder es comandante del Ejército y controla las operaciones de inteligencia y seguridad del estado. Puede declarar la guerra, nombrar o despedir a los jueces, así como al comandante de la GRI.

Según la ley, todos los candidatos presidenciales y parlamentarios deben ser aprobados por el régimen antes de formalizar su candidatura. Este hecho, antidemocrático por excelencia, implica que las elecciones sean únicamente entre partidarios del gobierno, con apenas matices de diferencia. Doce miembros forman el Consejo, que pueden interpretar la Constitución y decidir si las leyes están en línea con la Sharía (ley islámica). Por lo tanto, puede ejercer vetos al Parlamento. Existe paralelamente un Tribunal de la Revolución que juzga los “crímenes contra la seguridad nacional y actos contra la República Islámica”. Sus sentencias son definitivas e inapelables.

La GRI es la fuerza más confiable y leal del régimen. Sus fuerzas terrestres, aéreas y navales realizan ejercicios individualmente o en cooperación con el Ejército. También opera el sistema de misiles balísticos. A ella le fue encomendada la protección de la Revolución misma, mientras el Ejército vigila la integridad territorial del país.

La rama más secreta dentro de la GRI es Al Kuds. Creada como unidad de Fuerzas Especiales, pronto superó ese rol y se convirtió en la responsable de operaciones en el exterior y guerra no convencional. Una de sus responsabilidades es patrullar el estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Su fuerza naval se ha enfrentado a los barcos de la Armada americana en múltiples incidentes.

En un comunicado esta semana, la Casa Blanca sostuvo que “la GRI participa, financia y promueve el terrorismo como herramienta para gobernar”, siendo asimismo “el principal medio de la dictadura iraní para expandirse y aumentar su arsenal de misiles balísticos de largo alcance”.

Las violaciones de los derechos humanos en Irán se centran en la ausencia de libertad de expresión, reunión, culto e información. Las manifestaciones son reprimidas, aunque sean pacíficas. Se encarcela a opositores políticos, periodistas, activistas sociales y políticos. La pena de muerte es aplicada tanto a adultos como a niños. El gobierno bloquea sitios web e interfiere las comunicaciones con el exterior.

Las mujeres y minorías religiosas son ciudadanos de segunda. Existe un estricto código de vestimenta -nada de feminismo- y se encarcela a las mujeres que no lo cumplen. Hay lapidaciones públicas de “adúlteras” y la homosexualidad es reprimida.

Correlación de fuerzas
Desde 2011 hasta ahora varios hechos tensaron las relaciones entre Irán y Estados Unidos, por un lado, e Israel y Europa por otro. La República Islámica acusó al Mossad de eliminar físicos claves de su programa nuclear. Por su parte Washington culpó a Irán de haber intentado asesinar al embajador saudita. A este conflicto siguió la caída de un avión no tripulado estadounidense en territorio persa. El Pentágono indicó que fue a causa de un fallo técnico, mientras Teherán afirmó haberlo derribado. La negativa a devolver los restos del aparato dio otra vuelta de tuerca a la relación entre ambas naciones. Desde Israel, además, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu ejerce una permanente presión sobre sus aliados para destruir las instalaciones nucleares persas.

El reciente retiro americano del acuerdo nuclear con Teherán apunta a debilitar -o derrocar- al régimen, y obligarlo a renunciar a su plan nuclear y misilístico. La ecuación de fuerzas es claramente favorable a las potencias occidentales, pero el daño que podría hacer Irán es muy considerable. Sus misiles pueden alcanzar Europa y ha prometido, en caso de guerra, atacar Israel. La CIA considera además que existen docenas de células yihadistas “dormidas” en el mundo, listas para cometer atentados apenas reciban la orden.

En definitiva, Irán posee una fuerza militar considerable, capaz de enfrentar y dañar seriamente a ejércitos enemigos e incluso a países europeos. Lo que preocupa a la comunidad internacional es la combinación de este poderío con un régimen teocrático agresivo e irresponsable. De allí la resolución de Trump de frenarlo antes que supere el umbral nuclear y sea un riesgo mucho mayor, en una zona vital por su petróleo y las vías marítimas por las cuales se comercia al mundo.

Más allá del poder iraní, obviamente la fuerza desplegada por Washington en la zona, con sus barcos de guerra, portaaviones y armas avanzadas pueden derrotar a Teherán si se produce un enfrentamiento directo. Países como Arabia Saudita e Israel también serían de la partida, aunque el segundo únicamente si es atacado. En 2015, un correo electrónico filtrado del ex Secretario de Estado, Colin Powell, afirmaba que “Israel tiene 200 ojivas nucleares apuntando a Irán, y Estados Unidos miles”. Powell estaba opinando sobre el discurso en el Congreso americano del Premier israelí, que viajó a Washington para presionar contra la propuesta de acuerdo del Presidente Obama, a la cual consideraba “ingenua y peligrosa”.

El enfoque propuesto por el ala dura de la administración, que incluye a John Bolton y Mike Pompeo (Asesor de Seguridad Nacional y Secretario de Estado, respectivamente), apuntan al cambio del régimen islámico. Con motivo del 40 aniversario de la revolución iraní, Bolton transmitió un mensaje de video a sus dirigentes: “No creo que tengan más aniversarios para celebrar”. Según él, constituye un régimen fanático que, en esencia, nunca puede cambiar y debe ser derribado”.

Con la recuperación de Siria por parte de Assad, Irán se vio fortalecido como jugador regional, a través de una red de milicias, particularmente en Irak y Líbano. Su estrategia ha sido explotar la división del mundo árabe, utilizando la afinidad con los chiitas para desafiar a las potencias sunitas, especialmente Arabia Saudita. En el Líbano posee un satélite poderoso, el movimiento terrorista Hezbollah, más fuerte que el propio Ejército nacional.

Irán, cuya economía se había debilitado por sí misma, siente empeorar con las nuevas sanciones. Sufre la restricción para exportar petróleo y sus socios comerciales lo abandonan. La República Islámica vive una profunda recesión, inflación del 50 por ciento, y se prevé una contracción en su economía del 6 por ciento en 2019.

Las sanciones afectan la capacidad expansionista de Teherán, privando al régimen de recursos y limitando su influencia regional.

Según Liz Sly del Washington Post “las medidas de austeridad adoptadas por Hezbollah son indicio de la magnitud del impacto, no sólo en la economía iraní, sino también en su capacidad para apoyar a sus satélites regionales”.

En los próximos meses veremos si se produce un giro en la política de Irán, o si por el contrario estalla una nueva guerra.

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