Terroristas de Hezbollah. (AP/Mohammed Zaatari) (AP/Mohammed Zaatari)

Durante las últimas semanas, la presión sobre Hezbollah e Irán ha provenido de varios lugares.

Por Sarit Zehavi

Estados Unidos aumentó las sanciones, no solo sobre Hezbollah mismo, sino también sobre el círculo externo – los negocios asociados con Hezbollah, las empresas en las que opera como testaferro e incluso ex políticos que robaron dinero del presupuesto libanés y transfirieron esos fondos a Hezbollah.

Tras el fracaso de las negociaciones para formar un nuevo gobierno, dadas las exigencias de Hezbollah y Amal de controlar el Ministerio de Finanzas, el presidente francés Macron anunció que Hezbollah había “traicionado al pueblo libanés”. Así, Francia, que insistió en mantener un diálogo con Hezbollah, se dio cuenta de que esto no necesariamente produjo los cambios deseados para el Líbano y que por lo menos por el momento, no es claro qué va a pasar con la ayuda francesa al Líbano.

El discurso de Netanyahu en la ONU, seguido de las publicaciones del vocero de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) que reveló tres depósitos de municiones de Hezbollah en el corazón de Beirut, declaró que “¡aquí es donde podría ocurrir la próxima explosión!”

No confundan estas palabras con propaganda, o presión en la comunidad internacional. El objetivo de Netanyahu era la evacuación de los misiles. Una planta expuesta de misiles de precisión es indefectiblemente una planta evacuada de misiles de precisión.

Aunque las FDI se abstuvieron de atacar el Líbano desde la segunda Guerra del Líbano en 2006, han, una vez más, por lo menos logrado alcanzar sus objetivos de otras maneras. Al mismo tiempo, otros acontecimientos en el Líbano desbordaron de nuevo los medios de comunicación con críticas a Hezbollah: la desaparición de la ayuda humanitaria que llegó al Líbano proveniente de diversos países y su posterior “hallazgo” en manos de los oficiales del gobierno – tales como el presidente – profundizaron la sensación libanesa de que a los dirigentes simplemente no les importa.

La explosión reciente del depósito de municiones de Hezbollah en un pueblo al sur del Líbano ocasionó daños en un barrio residencial y al parecer la muerte de un operativo de Hezbollah. Además de estos hechos falta un componente significativo – los libaneses. Son aquellos en el Líbano y quienes emigraron en desesperación cuando advirtieron que Hezbollah tomaba el control del país. No los vemos ejerciendo la máxima presión posible para formar un gobierno de expertos; tanto es así que renunció el candidato a primer ministro, Mustafa Adiv. No los vemos generar ningún tipo de liderazgo alternativo fuera del Líbano, o estar involucrados activamente a la hora de supervisar que la ayuda humanitaria llegue a su desesperada patria. Por desgracia, apenas los vemos en las protestas contra Hezbollah. El Covid-19 está extendiéndose por el país, la cuarentena continúa y la dificultad para manifestarse en contra del gobierno va en aumento. La presión internacional sobre el Líbano no dará lugar a ningún cambio si éste no es apoyado por el pueblo libanés. Como israelí, muchas veces he hablado sobre mi expectativa de que una madre libanesa se levante desde el otro lado de la frontera, saque los cohetes de su casa, y diga “basta”. Pero aquellos quienes viven en un país libre no pueden realmente apreciar el miedo en el que se ven sumidos los libaneses.

El hecho de que la investigación exclusiva del Centro Alma sobre los sitios de misiles de Hezbollah fuera ratificada por la divulgación del Primer Ministro israelí Netanyahu sobre los depósitos de Hezbollah demuestra que hasta el proyecto de Hezbollah más confidencial puede ser develado partiendo de la información proveniente de fuentes abiertas. Esto también prueba que hay varios en el Líbano que saben mucho más de lo que están dispuestos a hablar libremente. Son socios reticentes en el negocio del encubrimiento que preserva sus vidas y las vidas de sus familias – por el momento – pero que le permite a Hezbollah a tomar control sobre el Líbano, agotar las finanzas del estado y erradicar la esperanza de un futuro mejor.

Fuente: Centro ALMA de Educación e Investigación

Traducción: Michelle Terdjman, Aurora

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