Iran's Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei (Khamenei's official site) (Khamenei's official site)
Ayatollah Ali Khamenei

A veces, las derrotas vienen por tener demasiados enemigos.

Por Hillel Frisch

Cuando Japón atacó Pearl Harbor, Hitler se puso muy contento. Su razonamiento era que su aliado nipón iba a atacar a la Unión Soviética desde el este, lo que privaría a los soviéticos de unas divisiones orientales que le serían necesarias para defender Moscú de la Wermacht.

Se equivocó de cabo a rabo. Al meter a EEUU en la Segunda Guerra Mundial, los japoneses prepararon el escenario para la derrota de Hitler. Fue un caso claro de acumulación letal de enemigos.

Cuando, tras tomar Mosul, el ISIS amenazó con invadir Bagdad, los expertos se preguntaron si no estaríamos ante una repetición de la emergencia del Imperio árabe, en el siglo VII. Pero el ISIS empezó a matar a estadounidenses y a nacionales de otros países aliados en Irak y a atraer a combatientes islamistas chechenos. Los estadounidenses y sus aliados empezaron a atacar las bases y a los combatientes del ISIS, y después vino Putin con su fuerza aérea. El califato no sobrevivió lo suficiente para lamentar su insensatez.

David ben Gurión sí entendió el peligro de la multiplicación de los enemigos. En las postrimerías de la Guerra de la Independencia, en la operación Horev, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) perfeccionaron sus tácticas de fuego y maniobra y superaron a las fuerzas egipcias en el Sinaí. Pero Gran Bretaña, que tenía un pacto de defensa con Egipto, habría sido un enemigo muy numeroso para las FDI. En consecuencia, Ben Gurión ordenó la retirada israelí, para consternación y enfado del comandante Yigal Alón.

A lo largo de la Historia, el arte de elegir a los enemigos y, aún más importante, limitar su número ha ayudado a establecer qué líderes tendrían éxito y cuáles no.

La foto que ha publicado Al Arabiya en la que se ve a Amir Alí Hayizadeh, comandante de la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria, flanqueado por banderas de Irán y de las milicias satélites de Irán hace pensar que la República Islámica está siguiendo los pasos de Hitler y el Estado Islámico en vez de los de Ben Gurión.

El mensaje que la foto quiere mandar es bastante claro: igual que un general estadounidense que habla en la OTAN se rodea no sólo de la bandera de EEUU, sino de todas las de los países miembros de la Alianza, también Irán tiene aliados: sus proxies. Hayizadeh se rodeó de las banderas de Hezbolá, las milicias proiraníes de Irak, los huzis y las organizaciones terroristas palestinas Hamás y Yihad Islámica. Pero en vez de suscitar comparaciones con EEUU y sus aliados, la imagen mostró la diferencia fundamental entre Teherán y EEUU.

EEUU está respaldado por una alianza de Estados que disuade al enemigo para beneficio mutuo de todos los miembros de la OTAN. En cambio Teherán tiene peones que agravan la hostilidad entre Irán y los Estados en los que actúan esos proxies. La foto del general iraní no manda un mensaje de solidaridad de la República Islámica para con unos Estados soberanos, sino de su papel principal en la desestabilización que padecen dichos Estados. Mientras que un general estadounidense rodeado de banderas de la OTAN transmite amistad, un general iraní rodeado de las banderas de sus proxies no hace sino cebar la hostilidad.

Afortunadamente para el régimen de los ayatolás, el presidente Trump quiere llegar a un acuerdo para que Irán sea un país que elige con cuidado a sus amigos y a sus enemigos, en vez de forjar sólidas coaliciones contra quien sea.

El ISIS, al que Irán ayudó a derrotar, apenas existe hoy. Un no a Trump podría hacer que la República Islámica corriera la misma suerte.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio

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