Hay un pequeño país cuyos ciudadanos a menudo no escatiman esfuerzos para ayudar a otras naciones. Su gobierno es siempre el primero en responder a las crisis, dondequiera que ocurran, incluso en territorio enemigo, y la única recompensa que busca siempre es un simple “gracias”. Pero nunca lo obtiene.

Este país es Israel, y la gente de la que estoy hablando son los judíos de Israel. Las estadísticas a continuación muestran la razón por la que acabo de escribir el párrafo anterior. IsraAID es una ONG que desde hace más de diez años ha estado ayudando a gente de todo el mundo a superar crisis extremas y ha proporcionado a millones una ayuda crucial. En algunos casos, esta gente, ha literalmente arriesgado sus vidas por ayudar a los necesitados. En Jordania, por citar un ejemplo, IsraAID habitualmente asigna voluntarios que ayudan a los refugiados sirios que huyen de la guerra civil. La organización suministra alimentos básicos y artículos de primera necesidad, y ha ayudado a decenas de miles de refugiados. IsraAID también ha estado operando y opera actualmente en el sur de Sudán, Pakistán, Chad, Sri Lanka, China y muchos otros países.

Otro ejemplo extraordinario de los esfuerzos por ayudar –aun arriesgando la vida– es la ONG privada “Israelíes por los sirios”. Como su nombre indica, su único propósito es ayudar a los ciudadanos sirios que sufren. Varias veces al año estos voluntarios se cuelan a través de la frontera para proporcionar ayuda humanitaria a los que sufren, principalmente los famélicos habitantes de las ciudades sirias sitiadas. Pero dado que los sirios consideran que Israel es su enemigo implacable, los voluntarios firman un documento que libera al estado de Israel de tener que negociar su liberación en caso de ser capturados.

Como estado, Israel ha establecido un competente grupo operativo para la resolución de crisis que siempre está preparado para activarse en cualquier momento. Una vez que llega a la zona de crisis, rápidamente establece un hospital de campaña y comienza a atender a los heridos. Cuando el 25 de abril de 2015 un terremoto de 7,9 grados de magnitud devastó Nepal, el grupo operativo de Israel inmediatamente se presentó en la zona. La infografía a continuación proporcionada por ReliefWeb, una fuente de información administrada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), demuestra lo destacado que fue el grupo operativo israelí en la zona.

El gobierno israelí también trabaja en Siria proporcionando tratamiento médico a soldados y civiles, tanto adultos como niños. En algunos casos, el ejército israelí transporta por vía aérea a soldados heridos de Siria y los lleva a hospitales en Israel, poniendo en riesgo tanto a los pilotos como a los helicópteros.

Entonces, si los israelíes son tan buenos, ¿cómo es posible que prácticamente todas las encuestas sobre los países más odiados coloquen a Israel como primer o segundo país más odiado en el mundo? En algunos sondeos, la calificación de Israel literalmente supera todos los límites. El 30 de enero, por ejemplo, Gazette Review publicó “Los países más odiados en el mundo entero – la lista de 2016” (¡en su sección de entretenimiento!). Este fue el único lugar donde Israel no estaba entre los 10 primeros… ¡porque era una categoría aparte! Al parecer, Israel es un país mucho más odiado que el resto y no era posible encajarlo en una lista con otros países más moderadamente abominables como Corea del Norte o Arabia Saudita, y hubo que crear una categoría especial: la categoría Extra.

Y hablando de absurdos, ninguna nación encabeza la actuación de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) por motivos de parcialidad. En 2015, la Asamblea General adoptó 20 resoluciones que critican a Israel y solamente 3 criticando a otras naciones. Una de las resoluciones iba dirigida a Siria, otra a Irán y una tercera a Corea del Norte. Ninguna resolución dirigida a Egipto, Pakistán, Rusia, China, Arabia Saudí, Sudán o Yemen, por ejemplo. Al parecer, los residentes de esos países disfrutan de sistemas judiciales ecuánimes, de igualdad y de libertad de expresión y oportunidades.

Cuando uno compara la hostilidad hacia Israel con la lista de acciones que realiza el país, no podemos evitar preguntarnos: “¿De dónde proviene esta disparidad?” Incluso si el mundo no está de acuerdo con las políticas de Israel en los territorios, cabría esperar que al menos algunas de las cosas buenas que hace Israel y los israelíes se mencionaran de forma un poco más prominente. Pero no; la gente sencillamente ignora estas increíbles proezas de empatía. Si cualquier otra nación hubiera hecho lo mismo, sería aplaudida como ejemplar y se le prestaría la debida atención en los medios. Pero cuando se trata de Israel, las únicas menciones que hay están cargadas de crítica.

Por lo tanto, la pregunta que deberíamos hacernos es: “¿Qué estamos haciendo mal?” Nos esforzamos tanto en ser buenos y hacer el bien; y sin embargo, se nos percibe como el malvado más grande de este mundo.

Entonces, si Israel desapareciera, ¿habría paz y tranquilidad en el mundo? No, no habría. Si Israel desapareciera, no habría paz ni tranquilidad. Y sin embargo, el mundo culpa a Israel porque lo cierto es que Israel es el país clave para resolver los problemas del mundo.

La alienación, el narcisismo, la depresión y el egocentrismo azotan hoy a nuestro mundo, a todos los niveles sociales. Las familias se desintegran a un ritmo alarmante y cada vez más personas evitan el matrimonio ya que no tienen deseo de comprometerse con nadie más que consigo mismos. La economía mundial se está desacelerando debido a que la demanda mundial de bienes disminuye. No es que la gente en Occidente no tenga dinero: sencillamente ya no disfrutan tanto gastándolo. Están saturados y muchos están deprimidos, ya sea clínicamente o simplemente con una tristeza generalizada.

También las relaciones internacionales se están deteriorando debido a la creciente desconfianza y el descarado egoísmo de los jefes de estado. Europa, en concreto, se está resquebrajando desde su interior con la ola de inmigración musulmana: no está preparada para manejarla ni social ni económica ni políticamente. La solución a este caos mundial radica, ante todo, en la reparación de las relaciones humanas. Pero no es posible lograrlo a menos que aprendamos a manejar nuestro creciente egoísmo.

Aquí es donde entra en Israel. Como ya reflejé en “Por qué la gente odia a los judíos”, el mundo culpa a Israel de todos los problemas porque siente que Israel está provocando que todos se odien entre sí. Por eso tantas personas nos culpan de todos los conflictos, por muy triviales que sean.

Y mientras el mundo nos culpa por sus conflictos, seguimos peleando entre nosotros, “demostrando” así al mundo que nos comportamos como lo que dicen que somos: unos belicistas. Nuestra primera tarea debería ser el establecer la paz entre nosotros; y solo después podremos dirigirnos a las naciones y mostrarles lo que hemos logrado. Todas las encuestas anteriormente mencionadas demuestran que el mundo vigila todos nuestros movimientos muy de cerca. Cuando peleamos entre nosotros, el mundo observa y “atrapa” el virus de la división. En consecuencia, las personas y naciones comienzan a luchar, y nos culpan a nosotros de originarlo.

Ni las naciones ni Israel son conscientes de que la desunión que exhibimos provoca el estallido de los conflictos, pero las naciones inconscientemente sienten que es culpa nuestra; y nosotros inconscientemente estamos de acuerdo con ellos y nos sentimos responsables. En el fondo, todo el mundo sabe que la misión de Israel es ser “una luz para las naciones”, y las ideas posmodernas no van a cambiar nada de eso.

Hasta que no seamos una nación que propague la luz, es decir, la fraternidad y la paz, no seremos aceptados por las naciones. Siempre seremos el país que está en “una categoría aparte”, el país que todo el mundo odia con todas sus fuerzas. Cuanto más se deteriore la situación a nivel mundial, más unanimidad habrá entre las naciones en que el único problema del mundo es Israel. Pero nunca sabrán que Israel es el único problema porque no siembra la unidad, como debería hacer. Cuando nos unamos y ofrezcamos un ejemplo de unidad, el mundo se dará cuenta de que ese fue siempre el problema, y los conflictos se apaciguarán.

Por supuesto esto además resolverá la mayoría de los problemas del mundo: desaparecerán los conflictos, que actualmente se derivan de la separación entre nosotros. Y entonces, al igual que hoy en día el mundo que nos acusa de provocar las guerras, nos aclamarán por traer la paz y la abundancia.

Lo único que tenemos que hacer es unirnos entre nosotros para poder mostrárselo al mundo. Lo demás se irá desencadenando de manera natural, y nos convertiremos en la buena gente; la buena gente que todos querrán conocer.

Por: Michael Laitman

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