Roni Schutzer/Flash 90 (Photo: Roni Schutzer/Flash 90)

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La economía israelí se recuperó vigorosamente luego de la pandemia. La apuesta por sectores de punta y la alta formación académica de los ciudadanos es uno de los grandes activos del país.

Fuente: Aurora

Sin embargo, esa realidad se ve soslayada por un nuevo problema. A lo largo del país, son cada vez más notorios los cuellos de botella y la escasez de mano de obra.

El desempleo está en mínimos de los últimos dos años, con una tasa de 3,6%, de las más bajas del planeta. El promedio de los países de la OCDE es de 5%, para darse una idea. Pero este número oculta otra realidad: la tasa del empleo. La tasa de empleo surge de calcular la cantidad de personas en edad laborar (15 a 64) que efectivamente lo hacen. En los países de la OCDE, el promedio es de 67,7%, y en Israel, de 66,6%.

¿Cómo es posible esto? Sucede que la tasa de desempleo no toma en consideración a la gente que no busca trabajo. Allí es donde aparecen grupos demográficos que «tiran hacia abajo» la tasa de empleo. A grandes rasgos, los hombres haredí y las mujeres árabes.

Estos grupos no están casi representados en la fuerza laboral. De ahí a que el gobierno se haya esforzado en los últimos años con incluirlos en el mundo del trabajo. Otras medidas que persiguen atacar el déficit de mano de obra fueron el otorgamiento de mayores permisos a habitantes de Gaza.

La semana pasada, desde Marruecos, la ministra del Interior Ayelet Shaked anunció un proyecto que traería a Israel trabajadores de la construcción y cuidadores de ancianos marroquíes. Israel busca traer 15.000 trabajadores de la construcción marroquíes.

¿Una posible solución?: La idea de Bennett

Sin embargo, la falta de trabajadores también es un problema en el sector de la alta tecnología, clave para el desarrollo global israelí.

El primer ministro Naftalí Bennett dijo en la conferencia de la Semana Cibernética de la Universidad de Tel Aviv que hay “mucha inversión, mucho de todo, pero necesitamos más gente”, y que el país ha “agotado la cubeta inmediata de talento”. El año pasado se invirtieron 25.600 millones de dólares en alta tecnología israelí, lo que requirió decenas de ingenieros y programadores.

Bennett, que trabajó en el sector, enumeró cuatro fuentes potenciales de trabajadores para la industria de alta tecnología de Israel: hombres haredi, mujeres árabes, poblaciones fuera de la zona central de Israel y, finalmente, palestinos.

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