Purim es la fiesta más alegre del año. La épica historia de Esther con su final felíz, las deliciosas orejas de Hamán, los disfraces, y por supuesto, el obligatorio y excesivo consumo de alcohol hacen que sea, por demás, la fiesta judía más divertida.

Este año, la cercana fiesta de Purim, la historia de Hamán, Mordechai, y el resto de los protagonistas, adquieren un significado especial. Parece como si Hamán volviera a la vida observándonos a través de las miradas llenas de odio de los fanáticos antisemitas que han surgido aparentemente de la nada.

Hace mucho tiempo, mi maestro, Rav Baruj Ashlag, el hijo primogénito y sucesor de Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam), autor del comentario Sulam sobre El Libro del Zohar, me enseñó que Purim significa mucho más que pasteles rellenos y mal vino. Él me enseñó que un año representa un círculo entero de correcciones espirituales que uno realiza sobre sí mismo en relación con los otros.

El año comienza en la Pascua, me dijo, que marca la primera conexión con la Fuerza Superior, el Creador del mundo. Esto se logra mediante la propia superación del egocentrismo para lograr el primer grado de unidad con los demás. El año continúa a través de los festivales, que marcan los ascensos de uno mismo hacia el más alto grado espiritual: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, cuando una persona alcanza el más alto grado, esto es considerado estar en un estado llamado “Purim”. En ese estado, nuestras cualidades están completamente corregidas, y estamos trabajando en completa armonía con la naturaleza y con los demás, implementando el más grande y más inclusivo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

En estos días, muchas personas sienten que estamos viviendo en un momento especial. La sociedad humana está pasando por cambios fundamentales que se desarrollan a un ritmo que se acelera exponencialmente.
Las estructuras sociales tradicionales que nos han mantenido juntos se están desmoronando ante nuestros ojos. La gente solía sentir lealtad hacia sus familias, sus ciudades de origen y países. Ahora nada de eso permanece. No tenemos ningún reparo en trasladarnos a diferentes países; nos movemos fácilmente de una ciudad a otra, y las tasas de divorcios se aceleran tan rápidamente que el concepto de madre y padre, en si, para los hijos de una familia pronto se convertirá en un escenario del pasado..

La razón de esta desintegración es nuestro creciente egocentrismo y el desequilibrio de uno con los demás. Al mismo tiempo, el mundo se está volviendo cada vez más interconectado e interdependiente, y el conflicto entre el deseo de la gente para mantenerse sobre ellos mismos, y su conexión obligatoria con los demás, está situando nuestra sociedad al borde del precipicio.

Ya que no podemos desconectarnos el uno del otro, la única solución a la difícil situación de la humanidad es conectarse. Sin embargo, la única forma en que podemos conectarnos es empezando a cuidar unos de los otros, y no tenemos ni idea de cómo lograrlo. Somos prisioneros de nuestro propio desiquilibrio.

En ese momento, Hamán despierta y amenaza con destruir a los Judios. ¿Por qué? ¿Cómo Hamán se conecta con la crisis social global?

Las palabras perspicaces del rabino Azarya Figo, en su libro Binah Leitim [Entendimiento para Ocasiones], responden a estas preguntas, y también cómo contrarrestar sus intentos de destruirnos: La fundación de la crueldad del malvado Hamán … es lo que había comenzado a discutir, “Hay un cierto pueblo esparcido y dividido.” Él echó su inmundicia diciendo que esa nación merece ser destruida, por la regla de separación entre ellos, todos están llenos de luchas y peleas, y su corazones están lejos el uno del otro. Sin embargo, [el Creador] tomó medidas preventivas … empujando Israel a unirse y a aferrarse el uno al otro … y esto es lo que los salvó, como en el verso, “Ve y reúne a todos los Judios”.

Otro gran ejemplo de la importancia capital de los líderes espirituales a través de las generaciones han atribuido a la Unidad contra el despertar de Hamán de la mano de Rabí Yehuda Leib Altar (el ADMOR de Gur) en el libro Sefat Emet (El idioma de la Verdad): “En la medida en que Israel se una, Amalec caerá. Esta es la razón por la que Hamán dijo, ‘esparcido y dividido “, ya que consideró que habían causado el pecado y que habían perdido su unidad. Esta es también la razón por la que Esther dijo: “Reunid a todos los Judíos. ‘”

El mundo de hoy necesita desesperadamente la unidad. La gente nos está mirando, y como Hamán, sienten que estamos difundiendo la desunión, y por tanto provocando la desintegración de la sociedad. Como resultado, nos culpan de causar todas las guerras y todos los problemas en el mundo. Están desesperados, y su ira los está convirtiendo en violentos.

Pero podemos corregir esta trayectoria. Al igual que los Judíos en Persia salieron victoriosos a través de su unidad, podemos unirnos y eliminar el antisemitismo.

La diferencia entre entonces y ahora, sin embargo, es que ahora nuestra obligación es no sólo unirnos para salvar nuestras vidas, pero, sobretodo, con el fin de salvar el mundo. Sin unidad, la sociedad humana se colapsará en un estado de guerra sin fin. Desde siempre los Judios han defendido, y aplicado anteriormente, la unidad como solución a todos los problemas, ahora todas las miradas se vuelvan hacia nosotros con una demanda para establecer el camino hacia la unidad.

Nuestra actitud actual hacia los otros es la receta para la autodestrucción. No podemos dejar de pelearnos entre derecha e izquierda, ricos y pobres, y ashkenazíes y sefardíes. Al hacerlo estamos mostrando al mundo precisamente lo que Hamán había señalado: que estamos esparcidos y dispersos. Estamos dando un ejemplo de falta de unidad en lugar de unidad. La solución, por lo tanto, es hacer lo contrario.

No tenemos que suprimir o incluso minimizar nuestras diferencias. Por el contrario, cuanto más sobresalgan nuestros desacuerdos, más impresionante será nuestra unidad cuando nos unamos por encima de ellos. Estas diferencias sólo harán de nosotros un ejemplo más sobresaliente de lo que la unidad hace. Dado que esto es lo que más necesita el mundo, el odio hacia nosotros se disolverá de una vez.

Nuestro pueblo es un pueblo de amor. Hemos dado al mundo el lema: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo,” pero estamos manifestando lo contrario. Cuando juntos decidamos empezar a cuidar el uno del otro en una verdadera responsabilidad mutua, seremos una “luz para las naciones”, y celebraremos un Purim en todo el mundo, con toda la humanidad.

Feliz Purim.

Fuente: Michael Laitman