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El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas reconfirmó ayer lo vergonzoso de su existencia. Es que su nombre no basta para dignificar los principios declarados sobre los que supuestamente fue creado. El nombre, el título, tienen sentido sólo si están anclados en una realidad que los justifique. Pero no…

Por: Ana Jerozolimski, Directora Semanario Hebreo Jai

Este jueves 14 de octubre fueron elegidos 18 nuevos miembros del Consejo, que incluye a 47 países en total. Algunos cambiaban ahora, otros el año próximo y otros tienen hasta el 2023. Entre los nuevos miembros del Consejo que debería ser la perla del organismo mundial pero es su vergüenza máxima, están Cuba, Libia, Catar, China, Rusia, Eritrea, Somalia, Pakistán, Venezuela, Kazajstan, Camerún, Malasia y Bolivia.

Según el cálculo hecho por Hillel Neuer que encabeza la ong Un Watch, esto significa que sólo el 31.9% de los miembros del Consejo de DDHH serán democracias libres, mientras que la mayoría, el 68.1%, no lo son.

Tanto la Asamblea General como el mencionado Consejo son indignos de los principios sobre los que se fundó la ONU-a los que no se respeta- no sólo por su actitud abiertamente anti-israelí, como resultado de mayorías automáticas y terribles políticas de bloques. Lo son también por su aberrante comportamiento tolerante y absolutamente permisivo con dictaduras y regímenes oscuros. La perla más reciente es que no se descarta aún que el régimen de los Talibanes sea aceptado como el representante oficial de Afganistán. No requiere de la autorización del Secretario General, sino del comité de credenciales encabezado por Suecia. Problemático, por decirlo delicadamente.

Esta problemática es clara en la Asamblea General de la ONU y resulta especialmente chocante en el Consejo de Derechos Humanos con sede en Ginebra, que debería velar por el respeto de los mismos pero hace todo lo contrario.

Esto aparece al comienzo de la página oficial del Consejo:

“El Consejo está integrado por 47 Estados miembros, que son elegidos por la mayoría de los miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas a través de votación directa y secreta. La Asamblea General tiene en cuenta la contribución de los Estados candidatos a la promoción y protección de los derechos humanos, así como las promesas y compromisos en este sentido voluntarias”.

Y si es así…¿qué hacen allí todos los países mencionados? O sea…por su “contribución…a la promoción y protección de los derechos humanos” seguramente no es.

Y ahora, sí, el tema de Israel

Y acá queda claro que la culpa no es sólo de los elementos notoriamente oscuros del Consejo, de los que matan a sus propios ciudadanos y violan los derechos humanos, sino también de aquellas democracias permisivas y adulonas que no tienen suficiente columna vertebral para decir “BASTA”.

Una de las formas de captar la plena dimensión de la afrenta que este consejo es para los derechos humanos, es compartir el detalle publicado por el ya mencionado Hillel Neuer, que hace un seguimiento del accionar de la ONU en todo lo relacionado a libertad, democracia y los valores que deben derivar de ello. Se trata de una lista de la cantidad de condenas emitidas por el Consejo de Derechos Humanos desde su fundación en el 2006,por países.

Ni siquiera es necesario agregar interpretaciones. Es espeluznante.

No ha habido ninguna condena a Cuba, ni a Arabia Saudita, a Catar, China, Turquía, a los Talibanes, a Pakistán ni a Zimbabwe.

Hubo 2 a Venezuela.

Fueron 10 a Eritrea que no permite ninguna libertad religiosa, 11 a Irán que cuelga homosexuales, 12 a Bielorrusia donde no hay prensa libre y 14 a Corea del Norte, uno de los regímenes más oscuros del planeta.

Se pegó un salto con Myanmar, con 25 resoluciones de condena desde el 2006.

Contra Siria, donde la cruenta represión de las protestas contra el régimen del dictador Bashar el-Assad cobró la vida de casi un millón de personas, 36.

Y el broche de oro, Israel: 95 resoluciones contra Israel, casi como contra todo el resto del mundo junto.

Israel, el único país democrático y libre de la región.

En el que un juez árabe mandó a un Presidente a prisión.

En el que diputados árabes pueden criticar duramente desde el podio de oradores del Parlamento a las autoridades.

Israel, donde también los palestinos, que están en conflicto con el país y no son sus ciudadanos, pueden apelar ante su Suprema Corte.

Israel, que vacunó a los palestinos que trabajan en su territorio.

Israel, que no es perfecto, claro que no, pero que es un paraíso al lado de todas esas dictaduras oscuras que lo critican, fue condenado mucho más veces que los regímenes del medioevo que se creen con autoridad moral para mancharlo.

La mancha no es de Israel. Es de la ONU y su lamentable Consejo de Derechos Humanos, que no es tal.

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