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Miracle

Por: Michael Laitman

Jánuca es el momento ideal para hablar de milagros. Por definición, un milagro es algo que se supone que no debería suceder según las leyes de la naturaleza. De ese modo, por ejemplo, si al final de los ocho días de Jánuca solo he engordado dos kilos o menos, sin duda puede calificarse como un milagro.

Una cuestión de percepción

Ahora en serio: ¿cómo definir algo que “desafía las leyes de la naturaleza?”. Y si algo desafía las leyes de la naturaleza, ¿solamente desafía las leyes de la naturaleza que conocemos o las leyes de toda la naturaleza? Porque, de ser así, ¿qué ley propició que ocurriera ese milagro? Si uno pudiera mostrar a una persona del siglo XVIII que tocando un pequeño interruptor en la pared toda la sala se ilumina gracias a un dispositivo que está alejado del interruptor, ciertamente lo calificaría como un milagro. Pero todos sabemos que no lo es.

Por lo tanto, un milagro es un acontecimiento que desafía las leyes de la naturaleza que conocemos. Es decir, si descubrimos nuevas leyes, tal vez lo que hoy nos parece milagroso, el día de mañana nos parecerá obvio.

El mundo tal como lo conocemos funciona de acuerdo a una ley muy simple: el más fuerte gana y el más débil pierde. En todos los niveles de la naturaleza, el equilibrio se mantiene gracias a que los más fuertes toman solamente lo necesario para su sustento. Pero en el nivel humano la gente toma todo lo que necesita para satisfacer su necesidad de superioridad. El resultado es una desenfrenada lucha entre personas, el miedo, la división, la explotación de seres humanos y del medio ambiente, y si no nos detenemos, acabaremos con un colapso de la sociedad humana y todo el ecosistema que la sostiene.

La armonía es la clave de nuestra sostenibilidad

Hoy sabemos que la vida en la Tierra no habría evolucionado si no hubiera existido equilibrio y armonía entre los elementos que componen sus ecosistemas. Sin embargo, por alguna razón, a pesar de ser conscientes de este hecho, no podemos ponerlo en práctica sobre nosotros mismos. Aunque sabemos que no es así, funcionamos como si no estuviéramos sujetos a las leyes de la naturaleza. Estamos actuando como si pudiéramos tomar todo lo que queremos simplemente porque podemos. Y no solo tratamos a la naturaleza de este modo: también nos tratamos así unos a otros.

Definición de un milagro

Por lo tanto, en nuestros días, un milagro sería si pudiéramos trabajar no en nuestro propio beneficio, sino a favor de la sociedad en la que vivimos, o al menos en equilibrio con ella.

Un gran recurso judío desaprovechado

Aquí es donde nosotros, los judíos, entramos en escena. Me gustaría ofrecer un punto de vista diferente sobre la guerra entre macabeos y griegos. El verdadero milagro de los macabeos no fue que un recipiente contenía suficiente aceite para alumbrar la Menorá durante ocho días, sino que los Macabeos lograron encontrar la fuerza dentro de sí para unirse y luchar contra la cultura helenística de la autocomplacencia.

Por supuesto, a la larga, fueron los griegos quienes ganaron. Hoy todos somos hedonistas hasta la médula. Pero ¿somos felices? Parece que el elemento de unidad, de cohesión social, es el elemento que falta en nuestras vidas. Es decir, tenemos suficiente con lo que vivir, pero no lo suficiente como para vivir. Porque, si vivimos solamente para nosotros mismos, ¿con quién podemos compartirlo? Y por lo tanto ¿qué placer hay en nuestra victoria hedonista?

La unidad nos sostuvo

Antes de la destrucción del Templo, los judíos tenían la virtud de la solidaridad mutua y la unidad. Esa unidad nos sostuvo y permitió que nos mantuviéramos fuertes. En el momento que la perdimos, perdimos también la tierra de Israel. Hoy, necesitamos la unidad no como un medio para restablecer nuestra soberanía sobre unos territorios: ¡la necesitamos para sobrevivir! De hecho, el mundo entero la necesita para sobrevivir. Si continuamos con nuestra actitud hedonista hacia la vida, estamos condenándonos al infierno en la Tierra. Pero si adoptamos la unidad en su lugar, habrá una gran abundancia frente a todos nosotros.

Los judíos tienen la llave

Únicamente nosotros, los judíos, tenemos la clave para este tipo de unidad, porque solo nosotros la hemos experimentado. Antaño, en la época de los Macabeos, fuimos una sociedad basada en la solidaridad mutua que se forjó a los pies del Monte Sinaí; y esa solidaridad mutua salió reforzada después de cada pelea. Ahora debemos recuperarla y compartirla con el mundo. El mundo no la encontrará hasta que la reavivemos y la transmitamos. Este es el significado de ser “una luz para las naciones”; y el mejor momento para empezar a proporcionar la luz de la unidad es la fiesta de las luces, Janucá.

Ojalá nos unamos

Por eso, les deseo Feliz Janucá, y ojalá que todos unamos y compartamos nuestra unidad con el mundo entero.

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