(Dnalor 01/Wikipedia)

La razón principal, según nuestros Rabinos, por la cual Jerusalem fue destruida fue la animosidad y las divisiones entre los judíos. La historia de estos conflictos internos es muy compleja.

Por: Rabino Yosef Bitton

Trataré de presentar solo los hechos más relevantes y de una forma breve y concisa, con la intención de comprender la magnitud de los errores cometidos por nuestros ancestros y que llevó a la destrucción de Jerusalem.

Como explicamos anteriormente (ver aquí), luego de la retirada de Casius Galus los judíos se atrincheraron en Yerushalayim y eliminaron a los soldados romanos de la ciudad. Jerusalem estaba ahora en manos de los judíos y tenían una misión muy difícil que cumplir: repeler al superpoderoso ejército romano. Esta nueva situación positiva generó un problema inesperado y totalmente injustificado. En los tiempos de Janucá (165 a.e.c) los judíos se sometieron todos al mando de Matatiyahu y sus hijos, los Jashmonayim, y así vencieron al poderoso ejército griego y recuperaron el Bet haMiqdash. Pero en este caso, el problema fue que estábamos tan divididos que no había un líder que todos aceptaran y que estuviera al comando de la guerra contra Roma. Insisto en que el pueblo judío en esa época era MUY NUMEROSO. Probablemente, más de 3 millones de habitantes, sin contar a los judíos de la diáspora. Era posible entonces resistir y repeler el ataque de los Romanos, tal como lo habíamos hecho con un ejército griego, cuando éramos menos, en la época de los Jashmonayim.

TODOS CONTRA TODOS
En el año 66, muchos judíos, especialmente los aristócratas Saduceos que tenían un buen pasar político y económico con los romanos, se oponían a luchar contra los romanos. Por el otro lado, la mayoría del pueblo, los campesinos y la gente más humilde, había sufrido los abusos de los romanos, y querían pelear por su libertad. El cabecilla de este grupo era Yojanán miGush Jalab, un hombre del norte de Israel, que había vivido personalmente la crueldad sin límites de los romanos. Yojanán se autoproclamó líder de la rebelión y mandó a ejecutar a cualquier judío sospechoso de colaborar con ellos. Para reforzar su ejército, Yojanán invito a los Edomitas –que se habían convertido al judaísmo en la época de los Jashmonayim 200 años atrás– a pelear junto a él contra Roma. Unos 20.000 guerreros edomitas se presentaron voluntariamente. Pero cuando llegaron a Jerusalem, el sacerdote saduceo Janán ben Janán, que se oponía a la guerra, hizo cerrar las puertas de la ciudad y los dejó, literalmente, durmiendo afuera. Muchos edomitas, humillados, regresaron a sus tierras. Al otro día, los hombres de Yojanán abrieron por la fuerza las puertas de la ciudad, hicieron entrar a los edomitas y se enfrentaron a los hombres de Janán. A Janán lo asesinaron los edomitas junto a muchos de sus hombres. Según Flavio Josefo, el asesinato de Janán marcó el comienzo de la guerra civil judía.

LOS JUEGOS DEL HAMBRE
Pero las divisiones recién comenzaban…. Aprovechando el caos y la confusión que esta guerra civil generaba, otro caudillo judío, Shimón ben Guiorá, llegó a Yerushalayim con su propio ejército de unos 12.000 hombres. Shimón también aspiraba al liderazgo y se enfrentó abiertamente a Yojanán miGush Jalab. Los edomitas que se habían decepcionado del carácter narcisista de Yojanán se unieron a Shimón. Algo más sucedió: el segundo hombre más importante del ejército de Yojanán, Elazar ben Shimón, se separó de Yojanán, formó su propio ejército y se enfrentó a Yojanán y a Shimón, con la intención de liderar la rebelión. Cada uno de estos tres hombres dominaba una parte de la ciudad de Yerushalayim y sus ejércitos se enfrentaban a muerte unos contra otros. Estas batallas duraron por 3 años y produjo la muerte de miles de judíos. La Guemará en Masejet Guitín (56a) cuenta que los rabinos de esos tiempos, entre ellos Rabbán Shimón ben Gamilel y Rabbán Yojanán ben Zakai, cuando vieron estas feroces guerras internas, entendieron que así sería imposible resistir y enfrentar a los Romanos, y sugirieron rendirse. Los rebeldes, a los que la Guemará llama “biryonim”, se opusieron a los Rabinos. Y cuando comenzó el sitio a la ciudad hicieron lo impensable: incendiaron los depósitos de comida donde había grano, madera y aceite suficiente para sobrevivir el sitio romano por varios años, para así forzar a los judíos a pelear. La falta de comida trajo una terrible hambruna en Yerushalayim que cobró la vida de decenas de miles de víctimas.

¿COMO VENCER A LOS JUDIOS?
Mientras tanto, en Roma el emperador Nerón envió al general Vespasiano a sofocar la rebelión de los judíos y recuperar el control de Jerusalem. Los hombres de Vespasiano le contaron acerca de las guerras internas entre los judíos y le aconsejaron que atacará la ciudad de inmediato. Vespasiano se rehusó a atacar y explicó que los judíos no estaban fabricando armas, ni reforzando las fortificaciones, ni asegurando las murallas de la ciudad: los judíos se estaban debilitando, matándose unos a otros. Y si él atacaba, lo único que lograría sería unir a los bandos enemigos. Y lamentablemente Vespasiano tuvo razón. La guerra entre Yojanán, Shimón y Elazar solamente se detuvo cuando el ejército romano derribó las puertas de la ciudad y entró en Yerushalayim. Recién entonces las tres facciones, a regañadientes, se unieron para defender la ciudad. Pero ya era demasiado tarde….

¿APRENDIMOS LA LECCIÓN?
Los romanos no destruyeron Jerusalem. Los romanos encontraron una ciudad que ya estaba destruida por dentro, y simplemente le dieron el empujón final. Fuimos nosotros mismos quienes no supimos estar unidos cuando más lo necesitábamos; quienes nos dejamos llevar por el «sinat jinam»: la rivalidad banal entre hermanos; el odio absolutamente innecesario que nos cegó y nos impidió ver y prevenir el mal; la hostilidad injustificada e ilógica entre miembros de la misma familia. Por todo esto pagamos el precio más caro: la destrucción de Jerusalem y el exilio, del cual recién estamos saliendo.

Espero y rezo para que este Tishá BeAb aprendamos la lección y seamos más tolerantes y respetuosos unos con otros.

Dijeron nuestros sabios que si el Bet haMiqdash anterior fue destruido por el odio irracional (sinat jinam) que imperaba entre hermanos judíos, el próximo Bet haMiqdash será reconstruido cuando nos comportemos con amor incondicional (ahabat jinam) los unos hacia los otros.

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