Siempre lo tuvimos claro, pero no está de más tener nuevos elementos para denunciarlo: el movimiento BDS que llama a boicotear a Israel e imponerle sanciones de todo tipo, no está motivado por un ferviente deseo de ayudar al pueblo palestino, sino por un odio profundo a Israel. Y cuando se manifiesta inclusive contra la cantante israelí más identificada con el apoyo al logro de la paz con los palestinos, no hay otra explicación: el BDS no es pro-palestino sino simplemente antisemita.

Aunque se vista de seda, y los artificiosos afeites lleguen a disimular casi acabadamente los rasgos que le son propios, el BDS es lo que es: un movimiento antisemita que aboga por la eliminación de Israel. 

La nueva ley de Irán, que penaliza el uso de hardware y software israelí, será absolutamente devastadora para la población inocente y, en muchos casos, una cuestión de vida o muerte.

Barrer todos los judíos al mar: esa es la aspiración eterna de todo antisemita. Eso es el BDS. Y su propio líder, Omar Barghouti, no muestra ni el más mínimo decoro en disimularlo.

Israel es un país pequeño y valiente. Rodeados por vecinos en su mayoría hostiles a los israelíes les encanta triunfar, darse al mundo, ser apreciados y proyectar ese amor de vuelta. Ese fue el Israel que vieron los

Tras su considerable fracaso, los activistas anti-israelíes intentaron perturbar el concierto ondeando banderas palestinas y gritando "fuera, fuera".