Para sus detractores, Israel es una desilusión porque no cumple con unos estándares de moralidad nada realistas que no cumple ninguna democracia en guerra, como lo es ella desde hace estos 72 años.

La idea de que hay algo antiliberal en apoyar el sionismo –el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo judío– es una mentira descomunal que se cuenta a los jóvenes judíos liberales.