El antisemitismo es tan vibrante y despreciable como antaño, no sólo en nuestros barrios, sino en la mirada de nuestros vecinos o en los grafitis junto a las sinagogas.

“Cualquier disturbio en el mundo proviene de Israel. Ahora se nos convoca a llevar a cabo una inmensa tarea con toda disposición e intención: reconstruirnos a nosotros mismos y a la totalidad del mundo destruido, en unidad” (Igrot, Cartas).