President Barack Obama. (AP/Pablo Martinez Monsivais) (AP/Pablo Martinez Monsivais)
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La división de Israel en dos estados, uno árabe palestino y otro judío, es una de las estrategias destructivas contra el Estado de Israel, que la comunidad internacional pretende.

Una vez más Israel se enfrenta a la ONU, representante de las naciones enemigas de los judíos, ante la pasividad traicionera del actual presidente Barack Hussein Obama II. Los estertores de la muerte política, de la administración demócrata americana, está dañando la relación de Estados Unidos e Israel. El sr. Obama no dejará la presidencia de Estados Unidos sin intentar hacer el mayor daño posible a Israel y en consecuencia a Norteamérica.

La inesperada caída de Hillary Clinton, y por consiguiente del Partido Demócrata, ha precipitado lo que el sr. Obama llevaba en su agenda oculta pro-musulmana y antiisraelí. El único interés del Sr. Obama ha sido y será, junto con el Partido Demócrata, el debilitamiento de las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Un espíritu envidioso antiisraelí recorre el Partido Demócrata, que no ha cejado de poner tropiezos a la buena relación que tradicionalmente han mantenido Israel y Estados unidos.

Por medio del máximo representante de la política exterior de Estados Unidos, el sr. Kerry, se ha instaurado la idea de imponer las fronteras del 67, con intercambios territoriales y Jerusalem como capital de dos Estados. El exponente más destructivo de la política de la Administración Obama ha sido el continuo interés, en dividir Israel y su Capital Jerusalem. Un año en el cual la Era Obama llega a su fin será el principio de una cuidadosa y positiva relación entre Norteamérica e Israel. La pretensión del sr. Kerry denominada “la solución de los dos estados” nunca ha sido, ni será una solución.

Israel debe imponer, por la fuerza de la razón, su política interna y externa frente a la política expansionista de la ONU respecto al Estado de Israel. El único país que es criticado, acusado y juzgado por construir viviendas, para todos los ciudadanos es Israel. El único país que recibe continuas presiones para dejarse dividir y para limitar su extensión geográfica, de nuevo es Israel. La garantía de la supervivencia de la Nación Judía es alcanzar las fronteras, que el Cielo le asignó a Israel y preservar Jerusalem como la Capital Indivisible del Estado de Israel.

Una triste mirada al pasado reciente garantiza definitivamente, que cuando Israel se ha retirado unilateralmente de algún territorio no ha conseguido la paz sino todo lo contrario. Líbano o la Franja de Gaza son dos ejemplos esperpénticos de lo que se consigue cediendo el territorio. La única propuesta viable para los enemigos de Israel es aceptar “paz por paz” y no la impensable y destructiva tierra por paz. Cuando Israel entrega tierra recibe guerra, guerra y nada más que guerra.

La Promesa del Cielo es bendecir a los amigos de Israel y maldecir a los enemigos de Israel sean quienes sean. Nosotros desde esta tribuna de bendición levantaremos nuestra voz al Cielo, para rogar por la Paz de la Indivisible Jerusalem y el bienestar del Estado de Israel, en su completa extensión geográfica. Feliz año nuevo, para la nueva Administración Norteamericana presidida por el sr. Trump, que cambiará la política actual de Estados Unidos ¡El Cielo los bendiga!

Por: José Ignacio Rodríguez, colaborador de Unidos con Israel

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