Hace un año, en un día como hoy, a la salida del Shabbat, nos enterábamos que nuestro querido Samuel Benalal Z.L había sido asesinado durante el atentado en el hotel de la capital de Mali, cometido el día anterior.

Samuel estaba en Mali por trabajo. Más bien viajó al país africano para cumplir su sueño. Para hacer del mundo un lugar mejor. Un lugar más educado. Antes de presentar sus sistemas educativos en Mali, dedicó parte de su vida a mejorar la educación en países como Macedonia, Vietnam o México.

Los que le conocíamos sabemos que era una persona, sobre todo, de PAZ. Creía como pocos en la paz. Eran tantas sus ansias de paz que viajó a lugares ocultando su nacionalidad israelí, países sin relaciones diplomáticas con su querido Israel.

Samuel dejó a una increíble mujer y a tres maravillosos hijos. Pero sobre todo nos dejo, tanto a ellos como a los que tuvimos el honor de conocerlo, un increíble legado repleto de esperanza de que trabajando duro un mundo mejor es posible. Decir esto hoy con Bruselas amenazada, con París que continúa en estado de emergencia o con Israel sufriendo decenas de ataques terroristas a la semana, suena un poco irreal. Pero allá por donde pasó, Samuel entregaba lo máximo para lograr cumplir ese sueño. Por hacer posible lo imposible.

Hoy y siempre es nuestra labor hacer que, como dijo Louise L. Hay, «la tragedia pueda llegar a ser el mayor de nuestros bienes si nos la tomamos de una manera que nos permita crecer». De aquella manera en la que tanto insistió Samuel.

Jacob Israel,

Unidos con Israel