El profesor, historiador y teólogo, Álvaro López Asensio, da a conocer una representación alegórica de la sinagoga judía en la portada renacentista de la Basílica de Santa Engracia de Zaragoza. Esta alegoría representa al mundo judío, y una catequesis para que los conversos nostálgicos del judaísmo del siglo XVI abandonen sus postulados judaizantes.

Fuente: Aurora

La portada renacentista de la basílica de Santa Engracia de Zaragoza es una de las joyas del arte renacentista aragonés y uno de los monumentos más valorados de la ciudad. Fue iniciada hacia 1511 por Gil de Morlanes el viejo (19 años después de la expulsión de los judíos de Zaragoza) y finalizada por su hijo, Gil de Morlanes el joven, cinco años más tarde.

La fachada de alabastro tiene forma de retablo con tres cuerpos independientes donde se suceden Padres de la Iglesia, santos y mártires de la devoción zaragozana del siglo XVI. No vamos a hacer una descripción de la misma, sino que nuestra atención va dirigida a una alegoría de la sinagoga judía que allí se representa.

Una alegoría es una representación en la que las figuras y detalles tienen un significado simbólico. El tercer y último cuerpo de la portada-retablo, a ambos lados del Calvario (Cristo crucificado con María y San Juan), se custodia dos alegorías femeninas que simbolizan a la iglesia (figura de la izquierda) y a la sinagoga (figura de la derecha); un esquema que se repite en pocos retablos y portadas renacentistas.

La iglesia se representa como una joven segura de sí misma, con cabellos sueltos y mirando al Calvario con una actitud relajada y segura. Su mano derecha sujeta el rollo de los evangelios que simbolizan, en este caso, la palabra que revela a Jesucristo como hijo de Dios.

La sinagoga, por el contrario, es una mujer sentada y con un aspecto no tan joven como la anterior. En su mano izquierda sujeta las tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí y que suponen su presencia en medio del Pueblo. La mano derecha sostiene una de sus rodillas para evitar el peso de su cuerpo, que parece caerse. Tiene los ojos vendados y el rostro ladeado para esquivar e ignorar la atención de Cristo en el Calvario. El tocado y la indumentaria son las propias del mundo judío bíblico. Encima de la cabeza tiene una corona medio caída.

Esta alegoría recordaba a los cristianos zaragozanos del XVI y, muy especialmente a los conversos, que el pueblo judío -representado en la sinagoga- fue incapaz de ver a Jesús como mesías porque se aferraban a la Ley de Moisés. El hecho de que la alegoría vuelva la cara al Calvario simboliza los errores doctrinales en los que estaban inmersos y que les impedía aceptar los postulados de cristianismo.

La venda en los ojos manifiesta su ceguera al no reconocer la encarnación de Dios en Jesucristo, ya anunciada en sus propios textos bíblicos. Por último, el hecho de que la corona sobre su cabeza esté medio caída simboliza la derrota moral y espiritual del judaísmo frente al cristianismo, materializada en la expulsión de 1492. En el cuerpo inferior están esculpidos los reyes católicos, Isabel y Fernando, los artífices de esa expulsión.

La iglesia del renacimiento utilizó la alegoría de la sinagoga para exaltar los valores erróneos del judaísmo, además de una catequesis dirigida a los conversos de Zaragoza para que claudicaran de su vida y conducta judaizante, a la vez que les invitaba a ser buenos cristianos. Recordemos que la portada de la basílica se construyó unos dieciséis años después de la expulsión, cuando todavía los conversos recordaban a sus parientes y amigos judíos, practicaban en secreto los ritos y ceremonias judaicas y la inquisición estaba en el momento más virulento contra ellos.

Para un mayor conocimiento de la sinagoga judía y al hilo de lo que estamos tratando, damos a conocer las sinagogas que se documentan en la judería de Zaragoza durante los siglos XIV y XV, con unas pequeñas históricas y su ubicación:

1.- Sinagoga Mayor o viella: Situada en la actual iglesia de San Carlos. La primera referencia documental data de 1311. Tras la expulsión estuvo cerrada hasta que la compraron los Jesuitas, en 1557, para reconvertirla en iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén. Aledaño al templo se construyó la residencia de los miembros de la Compañía. Tras su expulsión en 1767, pasó a pertenecer a la Archidiócesis de Zaragoza, dedicando el templo a San Carlos Borromeo y transformando la residencia en seminario sacerdotal.

2.- Sinagoga de las Mujeres o mikwé (piscina para los baños de purificación de las mujeres): Situada entre la sinagoga Mayor y el muro de piedra, al final de la calle de San Jorge en su cruce con el Coso.

3.- Sinagoga Menor: En el teatro Principal había dos pequeños callizos. En el primero y más cercano a la calle don Jaime I se encontraba el callizo de la sinoga Menor. El nombre del Menor no obedece a su tamaño, ni a su antigüedad, sino por ser el espacio alternativo de los dirigentes aljamiales para sus reuniones comunitarias.

4.- Sinagoga de Bicorolim o Torneros: En el año 1380, el infante Don Juan dio licencia al gremio de los torneros textiles para construir, en el callizo de Toro, esta pequeña sinagoga que, en 1384, ya aparece construida. Este callizo corresponde con la actual calle José Pardo Sastrón, la segunda boca-calle (lado par) de la calle Verónica.

5.- Sinagoga de don Bienveniste: En la calle de San Andrés, esquina con plaza Sinués, se encontraba este minyamin u oratorio privado propiedad de don Bienveniste. La primera referencia documental data de 1325. Después de la Disputa de Tortosa, en el año 1415, su propietario se convirtió al cristianismo y reconvirtió el oratorio en iglesia bajo la advocación de San Andrés.

6.- Sinagoga de los callizos o Cehán: En la actual calle Mateo Flandro Ibarra se hallaba el callizo del “medio”, llamado también calliço de la sinoga. En el XV se documenta con el nombre de sinagoga Cehán.

7.- La sinagoga de los baldreseros: Un documento notarial de 1397 la sitúa en el callizo “susano” de la judería extramuros del sector de San Miguel, actual calle Hermanos Ibarra.

8.- Sinagoga del Talmud: Aunque sin localizar, se sabe que estaba en el sector de la Magdalena, en un pequeño ensanche o plaza llamada de Abnarrabí. Era el pequeño oratorio de una academia rabínico-talmúdica de titularidad privada.

9.- Sinagogas menores: Las profesiones laborales se agrupaban en torno a cofradías benéficas adscritas a sinagogas, como la de Osé Hesed (hacer caridad para un hospital), Cabarim (Entierro para pobres), Malvisar Arhumin (vestir a pobres), Terarim o de las Atorás (garantizar la enseñanza de la Torá a los niños y adultos pobres). Es muy probable que alguna de ellas tuviera su propia sinagoga.

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