Los medios de comunicación del Reino Unido se han hecho ampliamente eco de la suspensión (de nuevo) de Vicky Kirby, la miembro antisemita del partido laborista. La señora Kirby ya fue suspendida del partido laborista en 2014 tras publicar varias diatribas antisemitas en su página de Facebook, pero fue readmitida poco después. Las críticas estallaron de nuevo cuando el sitio web de noticias Guido Fawkes reveló que Kirby no solo fue readmitida en el partido laborista, sino que también fue elegida como vicepresidenta parlamentaria del partido laborista (PLP).

Fueron los enojados diputados los que instaron al líder del partido, Jeremy Corbyn, a que expulsara a la prolija señora Kirby, especialmente después de su tuit afirmando que “El vil abuso antisemita dirigido a @lucianaberger es absolutamente inaceptable. No tiene cabida en nuestra sociedad”. Todo esto llega con el trasfondo de las acusaciones contra el Club Laborista de la Universidad de Oxford (OULC), el cual parece “tener un problema con los judíos”, algo que no deja a este partido ostensiblemente liberal en muy buen lugar.

Sin embargo, es de esperar que un partido que elige a un líder que define a Hamás, Hezbolá, y a una multitud de personas antisemitas como amigos, sea el hogar de aquellos como Kirby y de los estudiantes que “tienen un problema con los judíos”. No obstante, incluso si el partido laborista los expulsara a todos ellos, las cosas no cambiarían mucho. Perseguir a los antisemitas no sirve de nada siempre y cuando lacausa que crea todo esto siga floreciendo y extendiendo su venenosa influencia.

En “Por qué la gente odia a los judíos” (por ahora disponible solo en inglés) expuse la multitud de pretextos que los que odian a los judíos han utilizado durante siglos. Pero como reflejé en ese artículo, lo más importante es prestar atención al hecho de que en cada época se utilizaron diferentes razones y justificaciones para explicar el odio hacia el mismo grupo de personas. Cuando se tienen en cuenta las diversas razones para odiar a los judíos –razones que a menudo entran en conflicto– uno se queda con la nítida impresión de que ninguna de ellas es la causa o raíz, sino que hay una motivación más profunda, escondida bajo la superficie. Una motivación de la que probablemente los antisemitas no son conscientes y que pugna por explicar “la irracionalidad del odio a los judíos”.

El odio a los judíos empieza a tener sentido cuando se examinan las razones para el odio en su conjunto en lugar de examinar cada razón por separado. Desde esta visión más amplia, queda

claro que los judíos son odiados porque se les culpa de los problemas. De hecho, es difícil encontrar un problema del que no se les culpe. Tal vez por eso el comediante y escritor David Baddiel sugirió: “¿Nos quedamos sin más teorías de la conspiración? Siempre podemos echar la culpa a los judíos”, o como dijoun antisemita: “Incluso cuando hay una pelea de peces en el mar, los judíos están detrás de ello”.

Culpar a los judíos por cada problema parece tener aún menos sentido que cuando uno se centra en cada una de las razones en sí, hasta que uno se da cuenta de que los judíos,  a diferencia de todas las demás naciones, son juzgados con un estándar diferente. La gente, en lo referente a la moral y el humanismo, juzga a los judíos con mucha más dureza que a otras naciones. Y esto convierte a los judíos en unos involuntarios modelos a imitar.

Como resultado, todo lo que los judíos proyecten se extiende por toda la sociedad global y se refleja en el comportamiento de los seres humanos. Cuando los judíos proyectan fraternidad, se refleja en las relaciones entre las personas. Cuando los judíos demuestran mala voluntad entre ellos, las naciones también siguen el ejemplo. En el fondo, ellos sienten que dependen de los judíos y lo reflejan en sus declaraciones.

Si el mundo está en mal estado, las personas sienten que es culpa de los judíos y lo reflejan en sus diatribas antisemitas, y a veces también en sus acciones. La mayoría de los antisemitas no se puede dar una explicación racional de por qué se sienten así; al menos no pueden dar una explicación que no pueda ser refutada con dos frases por cualquiera con un mínimo de conocimiento sobre la historia judía y el Estado de Israel. Pero los antisemitas sienten que la mala voluntad entre las personas proviene de los judíos. Ellos esperan que los judíos sean un modelo positivo de comportamiento. O dicho en términos más bíblicos, que sean “una luz para las naciones”.

En ese sentido, el profesor Paul Johnson, renombrado historiador inglés, escribió en Una historia de los judíos: “Ningún pueblo ha insistido más firmemente que los judíos en que la historia tiene un propósito y la humanidad un destino. En una etapa muy temprana de su existencia colectiva creyeron haber detectado un esquema divino para la raza humana, y su propia sociedad iba a ser un ensayo del mismo”.

Si los judíos quieren erradicar el antisemitismo, necesitan centrarse en sus propias relaciones y pasar del distanciamiento y la separación a la fraternidad y la cohesión. Aún hoy se espera de la sociedad judía que sea un ensayo: el mundo no tiene ninguna sociedad que proporcione un comportamiento digno de emular y solamente los judíos tienen experiencia previa en esto. Cuando los judíos se unan, su unidad tendrá reflejo en el resto del mundo. Del mismo modo que actualmente la escisión entre judíos tiene su reflejo en los conflictos por todo el mundo –como afirman las propias naciones– cuando los judíos se unan, su unidad provocará el cese de todos los conflictos y enfrentamientos a nivel mundial.

Si desea saber más sobre este tema puede ver “Por qué la gente odia a los judíos”.

Por: Michael Laitman

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