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El inicio de un ciclo temporal nos sitúa en un punto que volveremos a pasar en varias ocasiones, aunque difícilmente este retorno genere cada vez la misma reacción en nosotros.

Con cada año que se inicia (sea el calendario que sea) acumulamos como individuos una vivencia distinta, cometemos nuevos errores o tropezamos con la misma piedra aunque la caída siempre sea diferente. Pecamos por nuestras limitaciones para aprender y aplicar lo experimentado a nuevas condiciones. A diferencia de Sísifo y su mítica condena a empujar eternamente la misma piedra a la misma cima, en el mundo real al despeñarse nunca rodará igual cuesta abajo, ni se topará con los mismos guijarros cuesta arriba. Nuestra propia huella va creando un nuevo camino.

El calendario hebreo tiene varios puntos de partida anuales: tradicionalmente se consideraba como arranque la efeméride de la salida de Egipto en Pésaj, el nacimiento de Israel como nación. Lo que conocemos como Inicio del Año (Rosh Hashaná en hebreo) deriva de la fecha de Yom Kipur en la que se cierra el balance anual de las almas, días antes del reinicio de la lectura anual del Pentateuco en Simjat Torá, al final de Sucot (la fiesta de los Tabernáculos).

Rosh Hashaná no es entonces sino el inicio del mes de este proceso (que solía culminar con una de las tres peregrinaciones anuales al Templo de Jerusalén cuando este estaba en pie), día al que se considera aniversario de la creación del primer hombre, Adán. Son días estos trascendentales para emprender una nueva senda curva, liberado de lastres en el alma por obra de un proceso que hace que se les llame Días Terribles (Yamím Noraím).

El proceso que atravesamos es a la vez personal y colectivo, y conocido como teshuvá, literalmente, respuesta o retorno, lo que devolvemos en reacción a lo que hemos vivido. Es tiempo no de pedir perdón (como muchos imaginan por la deficiente traducción del día más sagrado de nuestro calendario), sino de ser capaces de perdonarnos a nosotros mismos, sin que las derivas y desvíos de nuestros objetivos en el último ciclo anual se conviertan en una lápida de nuestras mejores intenciones. De allí que el canto que inicia Yom Kipur sea justamente el de Kol Nidrei (Todos nuestros votos), que nos invita a liberarnos de aquellos que no hemos sido capaces de cumplir.

Como siempre, el idioma hebreo es el mejor aliado para entender las particularidades del judaísmo. La palabra respuesta (teshuvá) tiene el mismo origen que el volver, pero no atrás como en una senda lineal unidimensional e infinita: volver adelante, pisando los pasos andados años atrás, de la misma manera que toda pregunta fluye hacia la respuesta en un único sentido, aunque esta última no sea más que un paso más hacia el destino inalcanzable de lo trascendente.

Podemos movernos a izquierda y derecha, arriba o abajo, pero en una única dirección temporal, sin marcha atrás en la alternancia de días y noches. Eso sí: para volver tenemos antes que haber ido, iniciar el camino una y otra vez, siendo los mismos aunque siempre distintos.

Shabat shalom y Shaná tová: ¡Feliz 5782!

Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad
www.radiosefarad.com

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