Durante las últimas semanas, los activistas anti-israelíes de todo el mundo se preparan para organizar varias sesiones en el campo universitario sobre el Apartheid, con el objetivo de deslegitimar al Estado de Israel. Tal y como anunció un grupo de estudiantes anti-Israelíes en la American University, “el objetivo de estas sesiones es educar a la gente acerca de la naturaleza de Israel como un sistema de Apartheid, con el fin de recabar apoyo para el boicot de productos, desinversión y sanciones (BDS) contra Israel”. A pesar de la cantidad de veces que los grupos estudiantiles anti-israelíes manifiestan sus alegatos de siempre, es importante recordar que estas afirmaciones no son más que calumnias cuya única meta es deslegitimar y perjudicar al joven Estado de Israel.

Suele ocurrir que muchos de los jóvenes activistas que afirman que Israel es un Estado de Apartheid no entienden realmente cuál es su definición. Según el diccionario de Inglés Merriam Webster, el Apartheid es “la segregación racial: en concreto, una antigua política de segregación y discriminación política y económica sobre los grupos no europeos en la República de Sudáfrica”. Un informe publicado por el Jerusalem Center for Public Affairs afirma que entre de las políticas que por entonces fueron implementadas en Sudáfrica se encontraban las prohibiciones legales sobre las relaciones sexuales entre diferentes razas; forzando así separaciones físicas entre las razas en los restaurantes, barrios, piscinas, transporte público, etc. También se controló férreamente a los miembros de las comunidades negras para la mano de obra no cualificada en las zonas urbanas, o se prohibió el voto a los ciudadanos de raza negra.

Benjamin Pogrund, antiguo editor del The Rand Daily Mail y activista anti Apartheid, informó en Sudáfrica durante los años de represión. Después de que su periódico fuese cerrado por el Gobierno del Apartheid, hizo Aliyáh a Israel. Pogrund, familiarizado tanto con el Apartheid sudafricano como con la situación en Israel, afirmó que estas condiciones mencionadas anteriormente no existen en Israel. El periodista sentenció en The Guardian que “los árabes tienen el derecho al voto, lo que ya en sí mismo hace que sean sideralmente diferentes las dos situaciones”. Por otro lado, los activistas de siempre olvidan que el actual Gobierno de Israel ha repetido en varias ocasiones que quiere superar las desventajas de las poblaciones árabes y promete, para tal fin, medidas para mejorar la educación y la vivienda y aumentar las oportunidades de empleo”.

“Lo que vi en el hospital Hadassah Monte Scopus era inconcebible en el sur de África”, dijo Pogrund al comprobar cómo los árabes y los judíos trabajan juntos y son tratados en los mismos hospitales israelíes. La existencia del derecho al voto de los árabes, las iniciativas gubernamentales para reducir las brechas entre los judíos y árabes, o la convivencia en los hospitales no son los únicos aspectos de la sociedad israelí que demuestran que Israel no es un Estado de Apartheid. La incitación al racismo es una acción penada criminalmente en Israel, al igual que la discriminación basada en la raza o la religión, lo que implica que el sistema legal israelí tipifica como delito la propagación de ideologías como las del Apartheid.

Israel es una democracia liberal con una sociedad abierta, moderna y avanzada, donde la minoría árabe participa activamente en el proceso político. Árabes como el general Hussain Fares, el comandante general Yosef Mishlav, o el teniente coronel Amos Yarkoni han servido en las Fuerzas de Defensa Israelíes, mientras que árabes como Ali Yahya, Walid Mansour, y Reda Mansour han servido como embajadores israelíes. Salim Joubran se sienta en el Tribunal Supremo de Israel, mientras que Nawwaf Massalha y Majadele Raleb fueron miembros del gabinete israelí. Muchos árabes también trabajan como profesores universitarios, directores de los departamentos de hospitales, puestos de dirección de nivel en diferentes multinacionales y en puestos de alto nivel en la Policía israelí. Por lo tanto, los árabes israelíes han llegado a posiciones que los negros en la Sudáfrica del apartheid solamente podían soñar. Por lo tanto, si,  Israel es lo contrario a un Estado de Apartheid.

Por Rachel Avraham