(Miriam Alster/Flash90) (Miriam Alster/Flash90)

Un viejo chiste dice que si metes a tres israelíes en una habitación, te darán más de diez opiniones distintas. Debido al distanciamiento social, ésto es ahora perfectamente posible. Los israelíes tienen más de diez ideas sobre qué departamento debería gestionar la respuesta gubernamental al covid-19, y sobre cómo debería ser esa respuesta.

Por Jacob Nagel

El meollo de la cuestión no es sobre qué departamento ha de gestionar la aplicación de las medidas, sino quién toma las decisiones. Perdido en el debate está el hecho de que ya hay una jerarquía ejecutiva en Israel, y alterarla no es sencillo ni recomendable.

Según la Ley Básica israelí, el primer ministro y su gabinete de seguridad, junto con otros ministros en otras circunstancias, y a veces el Gobierno en pleno, son quienes deciden tanto en circunstancias normales como en situaciones de emergencia. Asistiendo al primer ministro están su consejero de seguridad nacional y el Consejo de Seguridad Nacional (CSN). Así pues, las decisiones las toma un pequeño grupo de personas. El Legislativo israelí, la Knéset, tiene la facultad de supervisar las actividades de la autoridad ejecutiva. En teoría, este equilibrio de poderes debería ser fácil de materializar. No obstante, cuando los la oposición controla ciertos comités de la Knéset, los debates se tornan menos sustanciales y más políticos.

El CSN no es un cuerpo operativo, y no debería serlo. Su misión es recopilar información y análisis de expertos y especialistas en todo el espectro de la burocracia nacional, y, luego del preceptivo análisis, presentar lo recopilado al primer ministro, sin temores ni complacencias. El consejero de seguridad nacional de Netanyahu, Meir ben Shabat, está facultado para recomendar un curso de acción u otro, pero la decisión definitiva recae en el primer ministro y, en menor medida, en algunos de sus ministros o incluso en el Gobierno en pleno. Una vez adoptada una decisión, el primer ministro, a través del CNS, designa a los departamentos más apropiados para ejecutarla.

En estos momentos, el debate en Israel versa sobre si la responsabilidad de gestionar la crisis del covid-19 debe ser transferida al Ejército, al Mosad, al Shin Bet [una suerte de FBI israelí] o a alguna otra entidad. Quienes tal sostienen en realidad pretenden despojar de su rol no al CSN sino al primer ministro.

Sería un error. El sistema está funcionando como debe. Las decisiones las toman el primer ministro y su círculo más estrecho sopesando los datos, análisis y alternativas que les facilita el CSN. Posteriormente, el aparato burocrático pone en marcha lo necesario para su ejecución. El Ejército se está ocupando de velar por que se cumplan los confinamientos y de ayudar a poblaciones vulnerables. El Ministerio de Sanidad está supervisando los hospitales, los suministros y equipos médicos, así como el stock de medicamentos y el estado de los enfermos. El Ministerio de Finanzas y el Banco Central están lidiando con la crisis económica y planeando la recuperación. El Ministerio de Defensa y el Mosad están haciendo lo propio con las amenazas externas en tiempo real, mientras se ocupan de conseguir lo necesario –sirviéndose de canales tradicionales y no tradicionales–para combatir la pandemia.

Las medidas de aislamiento se está relajando ya. Los políticos y los oficiales públicos, influidos por sus asesores, tienen numerosas ideas sobre cómo librar al país de la pandemia, pero cada uno persigue su propia agenda. Ninguno de ellos tiene una ventaja comparativa o relativa sobre el primer ministro y el CSN.

El único cuerpo con capacidad para demandar soluciones para su posible ejecución a todo el aparato burocrático es el CSN. O, dicho de otro modo, no hay una manera probada de hacer esto de una forma mejor, sobre todo teniendo en cuenta la pluralidad de entidades implicadas en el proceso.

Esto no quiere decir que haya una garantía plena de que el primer ministro y el CSN vayan a sacar perfectamente al país de la crisis del covid-19. Como diría el secretario de Defensa norteamericano Donald Rumsfeld, vivimos en un mundo lleno de “elementos desconocidos no conocidos”.

El CSN y Ben Shabat siguen pidiendo a los expertos que den lo mejor de sí, mientras que el primer ministro sigue tomando decisiones en función de sus consejos y las operaciones las llevan a cabo los departamentos más apropiados. El debate seguirá, pero parece que esta manera de proceder es la mejor para el país.

© Versión original (en inglés): FDD
© Versión en español: Revista El Medio

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