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Una de los elementos más importantes que hace a la identidad judía, y a los conflictos del Estado de Israel con sus enemigos es la definición de lo que significa ser judío: ¿somos un pueblo o una religión?

La diferencia principal entre pueblo o religión tiene que ver con los aspecto políticos. Una religión, el catolicismo por ejemplo, no requiere una tierra de referencia. No hace falta vivir en el Vaticano para ser un buen católico. Si bien el cristianismo nació en el Imperio Romano, no existe una aspiración nacional católica de volver a vivir en un Imperio romano en los tiempos mesiánicos, ningún católico reza por ese tipo de «redención». La religión católica o el budismo tampoco dependen de la existencia de un «estado político independiente». Todo lo contrario. El César y el Papa son dos instituciones oficialmente separadas. El César o los reyes están a cargo de todo lo civil, militar, político, y la iglesia de los aspectos espirituales.

En nuestra Torá el aspecto «espiritual» está completamente integrado al aspecto «nacional». La Torá fue concebida para ser cumplida por el pueblo judío en la tierra de Israel. La «plena» observancia de la Torá sólo es posible en la tierra de Israel (en la diáspora los judíos vivimos en un «survival mode»). En la Torá se habla de jueces, de tribunales, de reyes, de soldados, de las leyes de la guerra, de las leyes del extranjero, de daños y perjuicios materiales, de propiedad, de herencias, etc. Todas estas leyes van más allá de lo estrictamente «espiritual»… La Torá no es un manual de espiritualidad, es originalmente «la constitución» del pueblo judío (una «constitución» muy especial, que no es humana sino Divina). El concepto de constitución (en hebreo bíblico sería «JUQÁ») no es muy reconocido, creo que porque el caso del pueblo judío es absolutamente sui generis: no hay precedentes de un pueblo que siga observando su constitución en el exilio, y más aún, voluntariamente, sin un sistema de enforzamiento punitivo o penitenciario. La fidelidad del pueblo judío por su constitución ¡desafía todos los convencionalismos!

De aquí también la importancia del concepto «exilio». Los judíos que vivimos fuera de Israel nos consideramos «exiliados», «judíos de la diáspora». Lo cual significa que, si bien vivimos como ciudadanos muy respetuosos y muy agradecidos en nuestros respectivos países de residencia, tres veces por día afirmamos que nuestra máxima aspiración (para algunos «mesiánica», para otros «humana») es eventualmente re-establecernos en la tierra de Israel.

La primera vez que el concepto de Judaísmo cambió de «constitución» a «religión» fue en Europa, alrededor de 1840, cuando los primeros reformistas judíos declararon que (y ésta es una cita casi verbatim de las conclusiones del congreso rabínico reformista de Frankfurt, 1845) «…somos alemanes de religión mosaica… y renunciamos a toda aspiración a regresar a Zion o la idea de un mesías que nos redima de Europa… y que no tenemos otra Patria más que nuestra amada Alemania». Fuera de este intento asimilacionista , que lejos de resultar en la absorción de los judíos a la sociedad Europea, terminó muy mal para los judíos, y como reacción pendular provocó el surgimiento de un Sionismo secular (religion sin estado > estado sin religión), el aspecto religioso y el político siempre estuvieron integrados en el judaísmo.

Creo que esta idea es muy relevante en nuestros días, cuando se trata de defender nuestro derecho a tener nuestro Estado de Israel .

Los enemigos de Israel se desviven por demostrar que NO somos un pueblo, sino una religión. Cualquier búsqueda superficial de websites antisemitas (hoy en día autodefinidos eufemísticamente como «antisionistas») en internet podrá demostrar todos los esfuerzos para diferenciar al «pueblo palestino» , de los colonialistas europeos de «religión judía» .

Otros ejemplos: Naz Shah, una mujer miembro del Partido laborista Inglés declaró hace unos pocos días en su Twitter : «Solution for Israel-Palestine Conflict – Relocate Israel into United States. Problem solved.» (La solución para el problema palestino: trasladar Israel a los Estados unidos)

En otras palabras, si los judios «colonialistas» de Israel se mudan a los Estados unidos a practicar allí su «religión», se acabó el problema para el «pueblo palestino» .

Teniendo estos ejemplos en mente, espero que el lector pueda observar de ahora en más, que sin excepción, todos los enemigos del Estado de Israel moderno siempre se referirán a los judíos como un grupo religioso, y nunca como un pueblo… Ya que sólo «un pueblo» tiene derecho a un estado soberano.

Creo que hoy es más importante que nunca que, por lo menos nosotros, los judíos, tengamos claridad respecto a lo que somos, y no juguemos el juego de quienes anhelan nuestra destrucción.

Por: Rab Yoseff Bitton, colaborador de Unidos con Israel

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