Nos encontramos en la fiesta de la libertad, la fiesta en la que conmemoramos nuestra salida de Egipto hace ya unos cuantos miles de años. “Libertad” y “Egipto” son dos términos que nos pueden sonar algo desfasados si del tema que vamos a tratar es religión.

El símbolo más famoso de la fiesta es la matzá o pan sin levadura, para recordarnos a nuestros antepasados judíos que hornearon pan y no tuvieron tiempo para dejar que suba la masa antes de huir de sus opresores egipcios.

Cada una representa una cara distinta del mismo concepto y es una de las mejores muestras de cómo la propia lengua muchas veces moldea el pensamiento colectivo de una comunidad.

En pocos días, los judíos celebraremos un año más Purím, la única fiesta del calendario hebreo protagonizada por una mujer, cuyo relato bíblico no contiene ninguna mención divina y en la que el pueblo de Israel, en su conjunto, se salva por los pelos de un genocidio total.

Cada año, en un ciclo de celebración anual, nos preparamos para el mismo viaje hacia la Tierra Prometida, aunque muchos están convencidos que ya lo han terminado.

El jueves por la noche, los terroristas de Hamas secuestraron a tres adolescentes israelíes en Judea y Samaria. Durante más de cinco días, las Fuerzas de Defensa de Israel han llevado a cabo una amplia operación con el fin de localizar a los adolescentes. Mientras tanto, los palestinos han estado celebrando el secuestro y han pedido más.