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Para comprender qué llevó al pueblo de Israel a abandonar la Torá hay que remontarse a los tiempos del Rey Menashé. Menashé reinó en Yehudá (Judea, así se llamaba el estado judío en esos tiempos) por 55 años (687 – 643 aec). Fue el reinado más largo, y de alguna manera, el peor de todos. En su afán por hacer la paz con el poderoso Imperio Asirio, Menashé transformó a Yehudá en una provincia asiria en todos los sentidos. Importó los dioses asirios y su culto, y eliminó por completo la Torá y la observancia de las Mitsvot. Fueron 2 generaciones que estuvieron total mente desarraigadas de cualquier práctica judía y alejados de HaShem.

El Bet haMiqdash fue utilizado para la adoración de ídolos, y los Cohanim que se negaron a servir ídolos fueron expulsados dos. Los jueces judíos, famoso por su sentido de equidad, también se asimilaron, y ya no juzgaban con la justicia de la Torá sino con la justicia asiria, que siempre le daba la razón al que tenía mas dinero o poder. Luego de Menashé reinó su hijo Amón, que fue peor que su padre, pero por lo menos reinó por poco tiempo: dos años.

A Amon lo sucedió Yoshiyahu (640-610 aec). Quien implemento toda una revolución religiosa para volver a servir a HaShem. La historia de Yoshiyahu es fascinante. En sus tiempos, mientras hacían ciertas reformas en las edifico del del Bet haMiqdash encontraron un Sefer Torá escondido. Después de más de 60 años de total abandono religioso no había quedado ningún otro libro de Torá que no haya sido destruido. Al leer la Torá por primera vez en su vida, el rey Yoshiyahu se conmovió y decidió volver a servir a HaShem. Y así comenzó un proceso de Teshubá nacional, que tuvo un éxito parcial.

Aquí es donde entra en la escena el profeta Yirmiyahu, quien trató por todos los medios de convencer a pueblo de regresar a la observancia religiosa.

Veremos ahora algunas ilustraciones de su profecía.

IDOLATRIA:

En el capitulo 10 de Yirmiyahu leemos:

“No sigan el ejemplo de otras naciones, ni se dejen asustar por las señales del cielo (=astrología) ,como esas naciones lo hacen. La práctica de esos pueblos es vanidad. Cortan un tronco en el bosque, un escultor lo labra con su cincel, luego lo adornan con plata y oro, y lo aseguran con clavos y martillo, para que no se caiga. Los ídolos parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones; no pueden hablar, y hay que cargar con ellos, porque no caminan. No tengan miedo de ellos, que a nadie hacen mal ni bien. HaShem es el Dios verdadero, el Dios vivo, el Rey eterno…

SHABBAT: 

En el capítulo 17 de su libro, vemos como Yirmiyahu trata de convencer al pueblo de volver a observar el Shabbat. Los Yehudim estaban tan asimilados que para ellos el Shabbat era un día más. Los asirios, que eran muy buenos comerciantes, habían contribuido a esta asimilación burlándose de aquellos judíos que no trabajaban en Shabbat, acusándolos de holgazanes. HaShem le ordena a Yirmiyahu que se pare en la entrada del mercado, en Shabbat, y le diga al pueblo:

“Di a la gente: Reyes y pueblo de Yehudá, habitantes de Jerusalem que entran por estas puertas, escuchen la palabra de HaShem…en Shabbat, y por consideración a sus propias vidas, no carguen sus mercancías ni las metan por las puertas de Jerusalem… no hagan en este día ningún trabajo. Consagren el Shabbat, tal como le ordené a sus antepasados…”

CORRUPCIÓN: 

Yirmiyahu tenía muy claro que el abandono de la observancia religiosa era también responsable por el abandono de la justicia, especialmente por la protección de los que menos tienen: los pobres, las viudas, los huérfanos. Hay una frase que se repite una y otra vez en las profecías de Yirmiyahu: yedi’at HaShem, “conocer a haShem”. Para Yirmiyahu conocer a haShem significa “imitar a HaShem”, la máxima expresión de la espiritualidad judía. Pero ¿Cómo se imita a HaShem? HaShem es El protector de huérfanos y viudas, El que practica el jesed, bondad, con los necesitados, y libera a los oprimidos. Este mensaje se repite decenas de veces en el libro de Yirmiyahu. En el capítulo 9 vemos un muy breve ejemplo: “Así dice HaShem, que no se enorgullezca el sabio por su sabiduría, ni el poderoso por su fuerza, ni el rico por su riqueza. Si alguien se quiere enorgullecer, que se enorgullezca de conocerme, de saber que yo soy HaShem, que actúo en la tierra con bondad, justicia y rectitud, y eso es lo que Yo quiero [que ustedes también practiquen] .”  

Continuará…

Por: Rab Yosef Bitton, colaborador de Unidos con Israel

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