The Destruction of the Temple of Jerusalem, a painting by Francisco Hayez
Destruction of the Jewish Temple in Jerusalem

Voy a escribir hoy acerca de la causa principal por la cual, según los Rabinos,  nuestro Bet-haMiqdash fue destruido: la animosidad y las divisiones entre los judíos. 

La historia de estos conflictos internos es muy compleja. Trataré de presentar solo los hechos más relevantes y de una forma breve y concisa.

Como explicamos ayer, luego de la retirada de Casius Galus los judíos se atrincheraron en Yerushalayim y eliminaron a todos los soldados romanos de la ciudad.  Jerusalem estaba ahora en manos de los judíos. Esta nueva situación generó un problema, aparentemente pequeño, que destruyó definitivamente la unión y la hermandad entre los Yehudim ¿quién iba a ser el nuevo líder? A diferencia de lo que ocurrió en los tiempos de Janucá, que los Yehudim estaban todos bajo el mando de Matatiyahu y sus hijos, una vez liberados del yugo de Roma, no había un líder que todos aceptaran. 

Veamos algunos ejemplos. Muchos Yehudim, especialmente saduceos,   liderados por el Sacerdote saduceo Janán ben Janán se oponían a luchar contra los romanos ya que pensaban que no había posibilidades de triunfar. Por el otro lado, la mayoría del pueblo que había sufrido los abusos de los romanos querían pelear por su libertad. El cabecilla de los “rebeldes” era Yojanán miGush Jalab,  un hombre del Galil, el norte de Israel, que había vivido personalmente la crueldad sin limites de los romanos. Yojanán se auto-proclamó líder de la rebelión y mandó a ejecutar a cualquier judío sospechoso de colaborar con los Romanos.  Para reforzar su ejercito Yojanán invito a los Edomitas, que se habían convertido al judaísmo en la época de los Jashmonayim (200 años atrás) a pelear junto a su ejercito contra Roma.  Unos 20.000 guerreros edomitas se presentaron voluntariamente, pero Janán ben Janán hizo cerrar las puertas de Yerushalayim y los dejó, literalmente, durmiendo afuera. Muchos edomitas, humillados, regresaron a sus tierras. Al otro día, los hombres de Yojanán abrieron las puertas de la ciudad hicieron entrar a los edomitas y se enfrentaron a los hombres de Janán. A Janán lo asesinaron los edomitas junto a muchos de sus hombres. Según Flavio Josefo, el asesinato de Janán marcó el comienzo de la guerra civil judía y el final de Yerushalayim.

Las divisiones recién comenzaban…. Aprovechando el caos y la confusión que esta guerra civil generaba, otro caudillo judío, Shimón ben Guiorá, llegó a Yerushalayim con un ejercito de unos 12.000 hombres. Shimón también aspiraba al liderazgo y enfrentó abiertamente a Yojanán miGush Jalab.  Los edomitas que se habían decepcionado del carácter narcisista de Yojanán se unieron a Shimón.

Algo más sucedió: el segundo hombre más importante del ejercito de Yojanán, Elazar ben Shimón, se separó de Yojanán, formó su propio ejercito y se enfrentó a Yojanán y a Shimón, ambicionando liderar la rebelión.  Cada uno de estos tres hombres dominaba una parte de la ciudad de Yerushalayim y sus ejércitos se enfrentaban a muerte unos contra otros.   Estas batallas duraron por 3 años y produjo la muerte de miles de Yehudim.

La Guemará en Masejet Guitín (56a) cuenta que los Jajamim de ese momento, entre ellos Rabbán Shimón ben Gamilel y Rabbán Yojanán ben Zakai, cuando vieron estas feroces guerras internas, entendieron que así sería imposible resistir y enfrentar a los Romanos y sugirieron rendirse. Los rebeldes, a los que la Guemará llama “biryonim”,  se opusieron a los Rabinos y para forzar a todos los Yehudim a salir a luchar, hicieron lo impensable: incendiaron los depósitos de comida donde había grano, madera y aceite suficiente para sobrevivir el sitio a la ciudad por varios años.  La falta de comida trajo una terrible hambruna en Yerushalayim que cobró la vida de decenas de miles de víctimas.

Mientras tanto en Roma el emperador Nerón envió al general Vespasiano a sofocar la rebelión  de los judíos y recuperar el control de Jerusalem. Los hombres de Vespasiano le contaron acerca de las guerras entre los Yehudim y le aconsejaron que atacará la ciudad de inmediato.  Vespasiano se rehusó a atacar y explicó que los judíos no estaban fabricando armas, reforzando las fortificaciones o asegurando las puertas de la ciudad: los judíos se estaban debilitando, matándose unos a otros. Y si él atacaba lo único que lograría sería unir a los bandos enemigos.

Y lamentablemente Vespasiano tuvo razón. La guerra entre Yojanán, Shimón y Elazar sólo se detuvo cuando el ejercito romano derribó las puertas de la ciudad y entró en Yerushalayim. Recién entonces las tres facciones, a regañadientes,  se unieron para defender la ciudad.

Pero ya era demasiado tarde….

(Continuará….)

Por: Rabino Yosef Bitton, colaborador de Unidos con Israel

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